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domingo, 4 de septiembre de 2016

Marcha del Emperador de Richard Wagner

Habiendo dedicado la entrada anterior a la Marcha del Homenaje, compuesta por Wagner para la coronación de su mecenas, Luis II de Baviera, continuamos con otra marcha del compositor compuesta para otra coronación, la de Guillermo I como Emperador alemán en 1871. Una obra semejante en estilo, de duración algo más larga y con influencias de su ópera Los Maestros Cantores de Nuremberg, estrenada tres años antes.


FICHA TÉCNICA

El Palacio de Linderhof, mandado construir
por Luis II de Baviera.
ObraKarsermarsch ("Marcha del Emperador"), WWV 104.
Autor: Richard Wagner (Leipzig, 1813 - Venecia, 1883).
Año de composición: 1871.
Estreno: Koncerthaus de Berlín, 14 de abril de 1871.
Duración: 10 minutos, aprox.
Discografía recomendada: Marek Janowski dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Londres (EMI).






WAGNER MARCHA A SUIZA

Cuando hablamos de la Marcha del Homenaje, dejamos a Wagner instalado en Munich bajo el mecenazgo de Luis II de Baviera. A la coronación le siguió el estreno de su ópera Tristán e Isolda, terminada en 1859 y que fue presentada en el Teatro de la Corte de Munich el 10 de junio de 1865 bajo la dirección de Hans von Bülow, de cuya mujer, Cósima Liszt, el compositor mantenía una relación amorosa. El romance saltó a la opinión pública, incomodando a los ciudadanos de Munich, al propio rey y a sus ministros. Éstos aseguraron al monarca que la situación de Wagner era tan polémica que no podía garantizarse su seguridad, por lo que Luis, desbordado por las circunstancias y muy a su pesar, le pidió que abandonase Baviera.


Nuestro compositor barajó varias posibilidades dentro del plazo de noventa días que se le concedía para abandonar la casa que ocupaba en Munich: la Riviera francesa o América (el Emperador de Brasil le había propuesto la construcción de su ansiado teatro), pero en la Semana Santa del año siguiente, en un viaje que realizó a Lucerna con Cósima, se encariñó del lugar cuando acudieron al lago del mismo nombre el Viernes Santo.


La Villa Tribschen, en este lugar
a las afueras de Lucerna (Suiza),
residencia del compositor.
El rey pagó la renta de una villa situada en Tribschen, a las afueras de Lucerna, junto al lago. Al principio se instaló solo, pero un mes después, Cósima abandonó a su marido para instalarse con con él. Al siguiente, el rey comunicó a nuestro compositor su deseo de abdicar e instalarse con él, pero Wagner le hizo desistir de tal propósito, por lo que Luis acudía con frecuencia a Lucerna desde Munich, cogiendo el tren de incógnito colocándose una barba postiza. Ambas ciudades distan más de 300 km por carretera a través de paisajes montañosos, aunque en línea recta no son más de 266, y probablemente el viaje no era sencillo en aquél momento. 


El lago Lucerna visto desde la Villa Tribschen.
En la Villa Tribschen, hoy el museo más importante del compositor después del de Bayreuth, Wagner vivió hasta abril de 1872, en que se trasladó a aquella ciudad. Allí compuso Los maestros cantores de Nuremberg, terminó Sigfrido y El ocaso de los dioses. Fuera del género operístico, de este periodo destacan el poema sinfónico El idilio de Sigfrido y la Marcha del Emperador.

La relación entre Cósima y Wagner era ocultada al monarca, para quien la esposa de Bülow era una suerte de compañera intelectual del compositor, a quien ayudaba a sacar adelante su trabajo. De hecho, Bülow pasó el verano de 1866 en Tribschen, finalizada la temporada musical en Munich, y con él contó nuestro compositor para el estreno de Los Maestros CantoresLa Guerra austro-prusiana había comenzado, y la derrota de los Estados del sur por Prusia supuso cambios en los Ministerios, suavizando la opinión que tenían del compositor. Sin embargo, Wagner sólo acudiría a Munich puntualmente, incluyendo al estreno de su ópera.


La Villa Tribschen y su bello enclave ha sido objeto de atracción
para postales y lamines.


Esta foto, tomada por Fritz Luckhardt
el 9 de mayo de 1872 en Viena,
se ha convertido en la más famosa
del matrimonio Wagner.
Finalmente, la relación entre Cósima y Bülow acabó. El director, que era visto como un extraño en los círculos muniqueses, renunció a su puesto en Munich en 1870, dedicándose no sólo a la dirección sino a expandir su carrera como pianista. También en este época, Wagner iniciará su amistad con Nietzsche, a quien conoció en Leipzig, en aquél momento profesor de Filosofía en la Universidad de Basilea. En Tribschen ambos disertarán sobre postulados artísticos y el compositor influirá poderosamente en su obra El nacimiento de la tragedia, cuyo manuscrito recibió Cósima como regalo de cumpleaños en 1870. La cuestión religiosa acabó por enemistar a filósofo y compositor años después. Precisamente ese mismo año contrajeron matrimonio Wagner y Cósima.


LA GUERRA FRANCO-PRUSIANA

El 19 de julio de 1870 estalló la Guerra franco-prusiana, que enfrentó al Imperio Francés de Napoleón III contra Prusia y sus aliados, la Confederación de Alemania del Norte, Baviera y Baden. La Guerra austrio-prusiana había dado una clara hegemonía a la Prusia de Guillermo con su canciller Bismarck frente al resto de potencias alemanas. La guerra fue rápida, y el 18 de enero de 1871, Guillermo de Prusia fue reconocido como Guillermo I, Emperador alemán. Alemania quedaba conformada como un Estado único de carácter federal, con el rey de Prusia como jefe de Estado, con el título de Emperador y primus inter pares de los monarcas que se federaron: Baviera, Wurtemberg, Sajonia, el Gran Ducado de Baden, el Gran Ducado de Hesse y las ciudades de Hamburgo, Lübeck y Bremen.

Es difícil saber a ciencia cierta lo que pensaba Wagner de Guillermo I. Sí es más clara la postura de Luis, sobrino de éste. El monarca bávaro tenía una concepción tradicional de la monarquía como guía de los pueblos, rechazando cualquier tipo de ingerencia. En la Guerra austro-prusiana luchó contra Prusia y parece que nuestro compositor también tenía pocas simpatías hacia las ansias expansionistas de Bismarck, probablemente porque en ese momento, el mantemimiento del statu quo que tenía con Luis era lo que más le importaba.

El monarca bávaro no aceptó bien la derrota frente a Prusia, aunque deseaba que la guerra acabase lo antes posible. Se vio obligado a firmar un tratado de defensa mutua en 1867. Y en la guerra franco-prusiana no tuvo más remedio que ponerse al lado de Prusia y después rogar en una carta que, según se ha dicho, fue escrita por el propio Bismarck, para que Guillermo aceptara a Baviera en el nuevo orden. Entras las preocupaciones de Luis no se encontraban las de la política exterior, y parece ser que fue dilatando la cuestión prusiana hasta que no hubo salida posible. Uno de sus ministros vino desde Versalles, donde en breve se firmaría el armisticio y el reconocimiento de Guillermo como Emperador, trayendo la carta en cuestión, que Luis se vio obligado a firmar no sin antes protestar que tal cosa suponía un ataque a la soberanía de Baviera.

Tradicionalmente se ha dicho que Wagner fue uno de los impulsores intelectuales de la unificación de Alemania, pero frente a su coetáneo italiano Verdi, no participó en asuntos políticos. Las ideas de Wagner se mueven en un estrato puramente cultural y estilístico, no en el de la soberanía. Hasta que punto la Marcha del Emperador es una obra de conveniencia, de acercamiento al nuevo orden, o incluso de exaltación de lo alemán pero no específicamente de la soberanía unificada, es algo que no es fácil de decir rotundamente pero sí que se deja entrever. Guillermo I acudió en el verano de 1876 a Bayreuth al estreno de la Tetralogía El Anillo del Nibelungo y sí es cierta una cosa: era un ferviente admirador, y así lo ha apuntado George-Dellin, probablemente el mayo estudioso de Wagner.

Postal italiana que muestra a Wagner saludando al Emperador Guillermo
a su llegada a Bayreuth para el estreno de El Anillo del Nibelungo en 1876.
Al fondo, el Palacio de Festivales. Detrás de Wagner puede verse a
Liszt con atuendo eclesiástico y el de detrás bien pudiera ser, por
su aspecto, Hans von Bülow, si bien no acudió al estreno.

LA MARCHA DEL EMPERADOR
Edición original de la marcha.

La Marcha del Emperador es una de las exaltaciones de Wagner a la victoria prusiana frente a Francia. Nuestro compositor odiaba lo francés. Pasó apuros económicos en París, ciudad que le desprestigió artísticamente, su Tannhäuser fue objeto del que probablemente haya sido el mayor escándalo en la Historia de la Ópera de París, la cual era el feudo de Meyerbeer, compositor operístico hoy practicamente olvidado pero un gran triunfador en la época en que Wagner pasó por la capital francesa.

La victoria de Prusia le inspiró primero un poema (Al ejercito alemán frente a París) y después un libreto inspirado en el sitio de París, cuya música nunca fue compuesta. Titulado Una capitulación y con sobretítulo Comedia a la manera antigua en un acto, es probable que siguiera la línea musical de Maestros, que también constituye una comedia, si bien con notables muestras de seriedad armónica que la convierten en una obra mucho más seria que los dramas belcantistas italianos. Se apunta que quizás el director Hans Richter, colaborador de Wagner tras la marcha de Bülow iba a animarse a musicarla, pero todo quedó en un proyecto. En diciembre de 1870, el editor C. F. Peters sugirió al compositor una obra para celebrar el final de la guerra. En un primer momento se mostró dubitativo y realizó averiguaciones para saber si se iban a proyectar en Berlín actos de homenaje a los caídos y que, en caso afirmativo, si podía proporcionar una pieza adecuada para la ocasión. La respuesta fue que no existiría ningún acto de este tipo, para no incidir más en el dolor que la guerra había traído consigo. Nuestro compositor propuso entonces una pieza para acompañar la entrada de las tropas que bien podría ser complementada por cantos populares entonados por el cuerpo vocal del ejército. Esta segunda idea también fue rechazada, pues los términos del armisticio eran taxativos y la diplomacía exigía atenerse a ellos y no hacer ostentaciones que pudieran traer desagradables consecuencias. Por tanto, la pieza que nos ocupa, aun siendo de gran calidad, es un homenaje no oficial al que nuestro compositor accedió. En el mismo sentido se desarrolla la obra de Brahms Canto del triunfo, compuesta para el mismo fin celebrativo.

Proclamación de Guillermo como emperador alemán.
Anton von Webern pintaba por tercera ocasión este tema, en un cuadro
encargado por el 70 cumpleaños de Bismarck en 1885.
Los dos primeros fueron destruidos en la II Guerra Mundial. Éste
puede contemplarse en el Museo Bismarck.

El 31 de enero comenzó a componerla y llegó a pensar si encomendar la orquestación a otra persona, pero finalmente también se ocupó de ella, algo que es de agradecer, pues Wagner era un verdadero genio del colorido orquestal, creando filigranas y texturas aquí y allá con las diferentes secciones de la orquesta, ofreciendo una partitura para orquesta de más calidad que la que pudiera haber obtenido un segundo compositor orquestando el original de piano escrito por Wagner.

La obra está en la tonalidad de si bemol mayor y tiene maderas a tres, disposición habitual en las óperas del compositor, al igual que tres trompetas, cuatro trompas, tres trombones, tuba, cuerda y percusión.

Tenemos constancia de una carta enviada a Peters el 7 de marzo en el que se describe la obra. El 15 estuvo concluida y en ese momento Wagner decidió añadir texto a la obra (nuestro compositor fue el único, junto con Arrigo Boito, que escribía texto y música, si bien la producción de este segundo fue muy exigua, convirtiéndose en libretista de Verdi), bajo el nombre de Kaiserlied für das Heer. Al estar compuesta primero la música, el texto no llega a encajar con la misma brillantez que tiene la música, por lo que la versión coral no se interpreta en la práctica. El estreno tuvo lugar el 14 de abril en la Konzerthaus de Berlín.

En su forma orquestal, la pieza ha sido grabada en varias ocasiones y ocasionalmente puede escucharse en concierto, gracias a que su carácter más sinfónico que de marcha, con fragmentos líricos, y sus diez minutos de duración favorecen su inclusión en los programas de concierto. Como ya hicimos para la Marcha del Homenaje, la versión escogida es la de Marek Janowski, uno de los grandes directores wagnerianos actuales, con la Orquesta Sinfónica de Londres.

Como ya hicimos con la Marcha del Homenaje, la versión escogida es la de Marek Janowski, uno de los grandes directores wagnerianos actuales, con la Orquesta Sinfónica de Londres.El tema inicial nos introduce en un ambiente festivo, en tonos similares al tema principal de Maestros, no exento de cierto lirismo. Las escalas descendentes en la cuerda en tonalidades que progresivamente se van elevando recuerdan a la tensión generada en la gran escena de la fiesta de San Juan, en el tercer acto de esta ópera.




En 1:10 se nos introduce el segundo tema, mucho más melódico y elegante, que también utilizará las mismas figuraciones en la cuerda para generar tensión (2:00). Los pasajes siguientes constituyen ligeras variaciones sobre el mismo tema, con continuos cambios de tonalidad. En 3:08 se escucha por segunda vez el segundo tema, iniciándose el desarrollo a través de una serie de motivos de gran lirismo, similares a los empleados como contraste a la majestuosidad del tema principal en Maestros

En 5:57 surge un nuevo tema al que se le contrapone inmediatamente el primero expuesto en las cuerdas y flautas (6:08). Se repite la misma disposición, pero la contestación del primer tema se producirá ahora en flautas y oboes (6:26). En 6:42 los cellos, con bello acompañamiento de las maderas, al que se sumará después la cuerda aguda y las trompetas, exponen y desarrollan el segundo tema. Las bajadas de la cuerda grave (7:05) nos pueden recordar al tema de los sacerdotes en Aida de Verdi (estrenada el 24 de diciembre del mismo año). En 7:52 se produce el enlace hacia la reexposición del primer tema, que es precedido del mismo juego de escalas descendentes ascendiendo en tonalidad que al principio de la obra (8:10). 

El tema inicial vuelve a ser expuesto con majestuosidad (8:28) en su primera mitad, para dejar paso a un pasaje más lírico (8:58), retomando con fuerza y regresando las fanfarrias (10:02), poniendo punto final a la obra.

ANÉCDOTAS

CON WAGNER AL VOLANTE

Al Emperador le fascinó especialmente el motivo del dios Donner (Thor en la mitología escandinava) de El Oro del Rhin con el que, hacia al final de la obra, invoca una tormenta martillo en mano que podemos escuchar aquí (el Heda hedo! con el que llama a las nubes es importante de escuchar para entender la anécdota, el motivo inicial que canta el barítono en 0:32 y su exposición en los trombones en 0:57). El vídeo recoge desde este momento al final de la obra subtitulado en español. El final, con el dios Loge haciendo partícipe al público de la conclusión de la obra, es un recurso dramático que puso de moda el dramaturgo francés Patrice Chéreau con motivo del montaje del centenario del estreno de la obra en Bayreuth.


Pues bien, este motivo gustó tanto al Emperador que mandó equipar su coche con una bocina que lo reproducía. Cuando sonaba, se extendió la gracia popular de cantar, sobre estas notas, Der Kai-ser kommt! (¡Viene el Emperador!). Como el derecho de reproducción de esta señal no estaba protegido, la Administración consideró útil emplearla como tono identificativo, pues el pueblo la conocía bien. Así, fue el sonido oficial de los vehículos de la Organización Alemana de Correos, con nueva gracia de invención popular: Die Post-ist da! (¡Corre-o ya!).

ESTRENO EN ESPAÑA

Aparición en prensa de la primera
visita de Strauss a Barcelona,
en 1897.
Gracias a bibliotecawagneriana.com, un amplísimo archivo con todo tipo de documentación en español sobre el compositor (incluyendo el catálogo completo y discografía), podemos saber cuándo se estrenó la Marcha del Emperador en España. Como la mayoría de composiciones, tuvo lugar en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona, ciudad que tradicionalmente ha tenido gran aprecio al compositor. Ocurrió en 1901 y fue otro gran compositor, Richard Strauss el que dirigía. Strauss estuvo cuatro veces en la ciudad, debido a su amistad con Antonio Nicolau, director de la Orquesta Catalana y colaborador activo del Orfeón Catalán.



domingo, 21 de agosto de 2016

Marcha del Homenaje de Richard Wagner

La obra de Richard Wagner, encabezada por sus trece óperas terminadas constituye un baluarte sonoro y dramático que hacen pequeño el resto de su obra musical. Sin embargo, el compositor de Leipzig nos brindó otras obras de pequeño formato y gran calidad. Entre ellas, tres marchas compuestas en circunstancias distintas pero en el mismo periodo creativo. La primera de ellas, la Marcha del Homenaje, fue compuesta en 1864 para la coronación de Luis II de Baviera.

FICHA TÉCNICA

El castillo de Neuschwanstein, mandado construir
por Luis II de Baviera.


ObraHuldigungsmarsch ("Marcha del Homenaje"), WWV 97
Autor: Richard Wagner (Leipzig, 1813 - Venecia, 1883).
Año de composición: 1864.
Estreno: Versión inicial para banda, en la coronación de Luis II de Baviera acontecida en Munich.
Duración: 5 minutos.
Discografía recomendada: Marek Janowski dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Londres (EMI).




EL WAGNER NO OPERÍSTICO

La unión conceptual Wagner-drama es un hecho tan potente que sus trece óperas terminadas hacen al melómano facilmente olvidarse de todo lo demás escrito por este compositor. El creador del drama musical, la obra de arte total derivada directamente del teatro griego, en el que texto, música y escena forman un todo equilibrado a partes iguales llevó a la ópera a su máxima expresión, con el uso de la melodía continua a través del leitmotiv, que diludía los números de la ópera para transformarlos en un continuo de principio a fin de acto que fluye gracias al engarzamiento de los distintos motivos musicales.


Wagner en una fotografía tomada
aproximadamente cuando conoció a
Luis II de Baviera.
Pero más allá de la ópera, Wagner cuenta con un catálogo amplio muchas veces completamente desconocido. Algunas obras ni siquiera se han llevado aún al disco, mientras otras, como el celebérrimo Tristán e Isolda acumula grabaciones y grabaciones a lo largo de la Historia, escenificado, en versión de concierto o en extractos.

En la práctica, el Wagner de la sala de conciertos ha quedado monopolizado por las oberturas, preludios e interludios de sus óperas, fragmentos de más de diez minutos de duración habitualmente, que permiten ser insertados en el programa como si se trataran de poemas sinfónicos. Y en buena parte lo son, por su fuerza descriptiva. Junto con ellos, un poema sinfónico de verdad, El idilio de Sigfrido, y un ciclo de canciones, los Wesendonck Lieder, para soprano y orquesta, compuestos sobre poemas de Mathilde Wesendonck, esposa de un mecenas suizo. La obra fue fruto de una relación amorosa y probablemente sea la primera obra musical en la que colaboraron un hombre y una mujer.

¿No tiene Wagner sinfonías? Sólo terminó una, la Sinfonía en do mayor, con diecinueve años y estrenada en Praga unos meses después. Dos años más tarde iniciaría la composición de una segunda, en mi mayor, la cual se quedó en el primer movimiento. Ambas son piezas de netas raíces beethovenianas, pues no hacía ni una década que Beethoven había fallecido. Otros dos fragmentos musicales de tipo sinfónico se agrupan bajo el número de catálogo WWV 78, datadas en torno a una década después y nunca se han grabado. Tampoco tiene conciertos. Lo más parecido fue un arreglo del propio compositor para violín y orquesta de uno de las canciones de los Wesendonck Lieder, Träume ("Sueños"), con número de catálogo WWV 91b. Posteriormente, la Romanza del lucero vespertino del acto tercero de Tannhäuser ha sido arreglada para violoncello y piano, violín y piano o violín, violoncello y piano, pero estos arreglos no se deben al compositor.

Wagner sí tiene oberturas de concierto de duración generosa, once en concreto, por desgracia injustamente olvidadas por ser obras de juventud (la última la compuso con veintisiete años), una dedicada a Cristóbal Colón. A diferencia de otros ciclos de oberturas de concierto, como las de Beethoven, ningún director se ha animado aún a grabar un ciclo completo de las mismas. Algunas nunca se han grabado. En general, el Wagner no operístico sufre un tremendo olvido debido a que, en relación con otros trabajos del compositor, estas obras son indudablemente de calidad inferior, pero algunas superan con creces a obras destacadas de otros compositores románticos.

Dejando música incidental, otros ciclos de canciones, óperas inacabadas, obras para piano y el oratorio El ágape de los apóstoles, nos encontramos con una serie de marchas, tres de las cuales han gozado de relativa popularidad, pues contamos con varias grabaciones en disco. Son la Marcha del Homenaje, compuesta en 1864 para la coronación de Luis II de Baviera, la Marcha del Emperador, compuesta en 1871 para celebrar la coronación de Guillermo II como Emperador de Alemania tras la guerra franco-prusiana y la unificación y la Marcha del Centenario, un encargo de 1876 para celebrar el centenario de la Declaración de Independencia de los Estatos Unidos. Curiosamente, su orden cronológico es coincidente con su orden de duración y complejidad. 

Su atractivo es probable que radique en el hecho de que están compuestas entre Tristán e Isolda y el estreno de El anillo del nibelungo, es decir, son obras del periodo de madurez. En los tres casos, Wagner va más allá del concepto militar de marcha, para desarrollar unos temas de bello lirismo que se contraponen a las secciones más triunfales.



UN HOMENAJE SINCERO


Luis II de Baviera.
La Marcha del Homenaje está compuesta, como dijimos, para la coronación de Luis II de Baviera en 1864. Este personaje, una suerte de mecenas del Renacimiento en pleno siglo XIX, excéntrico y ascendido prematuramente al trono, con tan sólo dieciocho años, sentía una admiración por nuestro compositor cercana a la divinización desde que el día de su decimosexto cumpleaños presenciara Lohengrin dirigido por Franz Liszt en Viena.

El mecenazgo de Luis a Wagner probablemente haya sido la relación de este tipo más importante de la Historia de la Música y de la que más se haya escrito, llevada al cine magistralmente por Luchino Visconti en Ludwig (1972) y posteriormente por Tony Palmer en Wagner (1983), serie de diez episodios de calidad cinematográfica de una hora protagonizada por Richard BurtonSu patrocinio consistió en crédito ilimitado y en la construcción de un teatro de ópera, el Palacio de los Festivales de Bayreuth, dedicado en exclusiva desde entonces y hasta hoy a representar sólo a Wagner, con dirección artística hereditaria. Junto con el Mozarteum de Salzburgo, el Festival de Bayreuth son las dos instituciones de prestigio mundial dedicadas exclusivamente a preservar el legado de un compositor con un celo casi religioso.


Cartel de la película Ludvwig de Visconti. Berger es un calco
de los retratos del rey bávaro, mientras que Schneider
vuelve a ser Isabel de Baviera (Sissi), prima del monarca
y esposa de Francisco José de Austria, quince años después
de haber encarnado a la Emperatriz en la trilogía
del mismo título.
Pero, ¿cómo empezó esta historia? Maximiliano II de Baviera, su padre, falleció inesperadamente en 1864 con cincuenta y dos años. Sin embargo, su reinado fue bastante largo, pues su padre, Luis I, hubo de abdicar tras conocérsele una amante, la bailarina Lola Montez, irlandesa. Se dice que la primera vez que el rey la vio le preguntó si su cuerpo era obra de la Naturaleza o del Arte. Sin embargo, el reinado de Maximiliano estuvo marcado por un absolutismo que, si bien no fue demasiado acusado, sí lo suficiente como para que, a su muerte, el pueblo tuviera grandes esperanzas en el joven Luis II, que con dieciocho años parecía encarnar los ideales del progreso.


Carruaje de la coronación. Su abigarrado estilo puede
chocar con el de una monarquía parlamentaria
decimonónica.
Una de las primeras medidas de Luis tras el fallecimiento de su padre fue la de buscar a Wagner. En ese momento, nuestro compositor se encontraba vagando entre el triángulo que suponía Ginebra, Venecia y Stuttgart. Aunque la prohibición para regresar a su Sajonia natal por su participación en la Revolución de Dresde de 1848 se levantó en 1861, nuestro compositor nunca tuvo intención de regresar allí. Su puesto de Director del Teatro de la Corte, que abandonó, le parecía un oficio servil y que en nada contribuía a favorecer su desarrollo artístico. Su situación económica era paupérrima, viviendo de conciertos ocasionales y con obras sin poder estrenar, entre ellas Tristán e Isolda, finalizada en 1859

Los servicios secretos bávaros hicieron importantes averiguaciones para localizarle, y finalmente lo hicieron en Stuttgart.  Las crónicas lo cuentan con un cierto aire de leyenda romántica: un joven de dieciocho años vestido de forma descuidada (al menos hasta donde le permite su clase social) rodea los muros románicos de la Colegiata y se adentra en un barrio de calles estrechas. Lo acompañan dos hombres vestidos de paisano que no terminan de ocultar su aspecto militar. Entra en una taberna y otea el horizonte humoso hasta descubrir a quien busca, apartado en una mesa:

Perdonad, señor, ¿no es vuestro nombre Richard Wagner?
Quizás... - responde con altivez.- ¿Cuál es el tuyo, chico?
¿No me reconocéis? Soy Ludwig von Wittelbasch; fui a saludaros en Viena,
hace tres años, después de una representación de Lohengrin. Franz Liszt
también estaba allí.
¡Claro que os recuerdo... Ludwig - balbucea - no os había reconocido.

Portada de la edición de la marcha
para orquesta, publicada un año más tarde.
A partir de aquí, todo es como un sueño: el joven le cuenta que dentro de unas semanas será coronado Rey de Baviera, que admira profundamente su música y sus escritos y le ofrece instalarse en la Corte de Munich o bien en una villa cercana, donde podrá seguir componiendo. Ese verano se asentará en el lago Starnberg, cerca de la capital bávara. El monarca pagará sus deudas y auspiciará los estrenos de Tristán e Isolda y Los Maestros Cantores de Nuremberg en el Teatro de la Corte de Munich (actual Ópera Estatal de Baviera).

A partir de ahí, se inicia una estrecha relación entre diversos personajes que tendrán a Wagner como epicentro. Luis invitará a Liszt a Munich para reponer Lohengrin. Este compositor, que se ocupó del estreno en Weimar en 1850, fue considerado en su tiempo como el máximo traductor de esta ópera de Wagner. Con Liszt viajan su hija Cósima y su marido, el pianista y director Hans von Bülow, quien después fundaría la Orquesta Filarmónica de Berlín. Todos vivían en la misma casa. Nuestro compositor auspició a Bülow a la dirección del Teatro de la Corte para después acabar manteniendo una relación amorosa con Cósima que acabaría con la ruptura de la pareja y su matrimonio con Wagner tras un larguísimo proceso judicial que fue objeto de todo tipo de comentarios en la Corte y la furia de Luis, quien mantenía una admiración rallana en el enamoramiento por nuestro compositor. También Liszt padecía la incomodidad propia de su estatus en aquél momento: soltero toda su vida (su hija fue fruto de un romance con la aristócrata Marie d'Agoult), había tomado los hábitos eclesiásticos.


LA MARCHA DEL HOMENAJE


Primera página de la versión para banda.
La Marcha del Homenaje no fue un encargo oficial, fue un regalo de nuestro compositor al rey tras su generosa oferta. Inicialmente compuesta para banda, fue estrenada el día de la coronación para después ser arreglada para orquesta. Hans von Bülow realizó sendos arreglos para piano y para piano a cuatro manos, demostrando que era el mejor pianista del momento, hecho reconocido por el propio Wagner y por Tchaikovsky, cuyo Concierto para piano nº 1 estrenó.

Cronológicamente, la obra se sitúa un año antes del estreno de Tristán e Isolda y con Los Maestros Cantores de Nuremberg en proceso avanzado de composición, si bien la longitud de la partitura (cuatro horas y media), provocaría que no estuviera terminada hasta tres años después. Este dato es importante para entender algunos motivos musicales que aparecen en la partitura.

La versión escogida está a cargo de Marek Janowski con la Orquesta Sinfónica de Londres, actual director de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín y que, a sus 77 años, es uno de los directores wagnerianos más importantes del momento. Es uno de los pocos que ha grabado las diez óperas de madurez de Wagner (dos veces El Anillo del Nibelungo y una tercera tras la grabación en vídeo que se ha realizado este verano en el Festival de Bayreuth).


La obra se inicia con un tema lento a cargo de las maderas y en el que hay referencias armónicas al monólogo de Hans Sachs de Los Maestros Cantores de Nuremberg y la ambigüedad armónica de Tristán e Isolda, influencia también en el uso del chelo como instrumento que lleva la melodía (0:12), si bien en este caso en modo mayor.

El tema de la marcha comienza en 0:42. Las fanfarrias nos recuerdan al concepto de Grand Opera utilizado en Rienzi. El tema inicial comienza en 1:21 y nos recuerda al animado folclorismo pero de elegante lirismo con el que se inicia la reexposición del tema principal de Maestros en la Obertura. El pequeño clímax del 2:05 tiene también reminiscencias de la Canción del premio de esta ópera.

En 2:25 aparece un motivo derivado para volver a las fanfarrias (2:47) y reexponer (3:03), una técnica también utilizada, con mayor complejidad, en la Obertura de Maestros. En 3:15 nos encontramos de nuevo el submotivo, expuesto con mayor intensidad en la cuerda. En 3:38 aparece por tercera vez el motivo principal. En 4:29 se inicia una coda triunfal, aumentando la tensión gracias a las subidas y bajadas diatónicas de violines y flautas.

El original para banda se puede escuchar aquí:




ANÉCDOTAS

UN MONARCA ENTREGADO

Leemos en una de las primeras cartas de Luis a Wagner: Quiero borrar para siempre de su existencia las inquietudes de la vida cotidiana. Conseguiré para usted la paz que tanto ha anhelado, de modo que pueda desplegar libremente las poderosas alas de su genio en el éter puro del arte extático. ¡Oh, con cuánta ilusión imaginaba el momento en que podría cumplir este propósito! Apenas me atrevía a sentirme feliz en la esperanza de poder probar mi amor por usted.

Esta relación casi amorosa del monarca a Wagner fue duramente criticada en la Corte, llegando a apodar a nuestro compositor Lolotte, inspirado en Lola Montez, la amante del abuelo del rey.


Helmut Berger (Luis) y Trevor Howard (Wagner), en una escena de
Ludwig. Aunque la película es en color, el blanco y negro y el
parecido de los actores harían pasar el fotograma por fotografía.



jueves, 23 de julio de 2015

El Anillo del Nibelungo de Richard Wagner: una introducción

Tras meses de inactividad, ahora con algo más de tiempo, retomo el blog. Y volvemos con una obra épica, la más grande en proporciones y complejidad que haya dado la Historia de la Música: la Tetralogía El Anillo del Nibelungo de Richard Wagner. Lo haremos coincidiendo en fechas con el Festival de Bayreuth, dedicado exclusivamente al compositor y cuya edición 2015 dará comienzo el próximo 25 de julio a las cuatro de la tarde hasta el 28 de agosto, con la oportuna retransmisión en directo que Radio Nacional de España dará del primer ciclo de representaciones. En esta primera entrega, fuera de fecha, trataremos de introducir la obra. Los próximos domingos, nuestro día habitual, explicaremos cada una de las óperas que la componen.

Escena final de El Oro del Rhin, Prólogo de la Tetralogía.
Producción de la Ópera de Seattle debida a Stephen Wadsworth (2001).

FICHA TÉCNICA

Obra: El Anillo del Nibelungo. Festival Dramático en un Prólogo y tres Jornadas.
Compositor: Música y libreto de Richard Wagner (Leipzig, Sajonia, 1813 - Venecia, Italia, 1883).
Año de composición: 1848 - 1874.
Estreno: El 13 de agosto de 1876 y días sucesivos en el Festival de Bayreuth (Bayreuth, Baviera).
Duración: 14 horas, aprox.
Discografía propuesta: Cuestión tremendamente compleja. A pesar de la dificultad de la obra, existen bastantes grabaciones de la Tetralogía completa, además de fragmentos y arreglos orquestales. Las procedentes del Festival de Bayreuth gozan de un gran prestigio, por la solidez de los cantantes, la excelencia del Coro y la Orquesta del Festival en las óperas de Wagner y el estar al frente los directores más especializados en este repertorio. Asimismo, existen varios ciclos en DVD, con estéticas para todos los gustos. De unos y otros iremos hablando.


UBICANDO EL ANILLO

Caricatura que resalta el paralelismo entre el Anillo de
Wagner y El señor de los anillos de Tolkien.
Explicar hoy el Anillo es una tarea más fácil de lo que aparentemente pudiera parecer: cuatro óperas, 14 horas de música, gran cantidad de personajes, luchas, instrumentos mágicos, dioses caprichosos, ninfas, gigantes, nibelungos, walkirias, humanos apasionados, fraticidio, incesto, intrigas entre hermanastros... El género fantástico se mantiene de moda, en un periodo álgido que se inició en 2001, cuando Peter Jackson llevó a la gran pantalla El señor de los anillos, la obra cumbre de Tolkien, y que hoy continua en la serie Juego de tronos. Unas y otras toman elementos de sagas precedentes, ponderan en mayor o menor medida el elemento mágico, la contraposición de razas y culturas o un destino más o menos trascendente, pero todas beben de una fuente: la Tetralogía El Anillo del Nibelungo, escrita y compuesta por Richard Wagner con base en la mitología germana y nórdica, principalmente El Cantar de los Nibelungos, las Eddas y la Saga de los Volsungos.


Un manuscrito de la Edda fechado en 1666.
Así, Juego de tronos presenta algunos paralelismos muy significativos con la saga wagneriana: Jaime y Cersei mantienen el mismo tipo de relación que Siegmund y Sieglinde, mientras que el deforme Tyrion Lannister guarda semejanza con el nibelungo Alberich.


Paralelismos entre El Anillo del Nibelungo y Juego de Tronos.

Los textos en los que se inspiró Wagner contienen elementos paralelos y divergentes, por lo que su labor no sólo estuvo dirigida a recopilar, sino también a armonizar y a crear una cosmogonía coherente, permitiéndonos hacer un recorrido por toda la mitología germano-escandinava, aderezado con elementos de la filosofía de su tiempo: Schopenhauder, Marx y Nieszstche encuentran su sitio a la hora de interpretar determinados elementos de la historia.

No vamos a profundizar en las fuentes originales, labor compleja y que excedería de nuestras intenciones. Todos los textos citados se encuentran traducidos al castellano y al tratar cada una de las óperas haremos referencias concretas.

Wagner y su universo.
También es interesante destacar que, aunque Wagner sea conocido comúnmente como compositor, realizó una importante labor como teórico musical, ensayista, poeta, dramaturgo y filósofo. Como pensador resulta difícil adscribirle a una u otra corriente: desde sus inicios en los círculos anarquistas a la influencia de Schopenhauser o su amistad con Nietzsche y el choque de tales ideas con su ferviente catolicismo (con Bakunin rompió relaciones tras mostrarle un libreto sobre una ópera de Jesucristo y con Nietzsche se produjo por la composición de Parsifal). Décadas después de su muerte, Adolf Hitler, amante de su música, lo encumbraría en el panteón del nacionalsocialismo con otras figuras alemanas, desvirtuando al compositor, aprovechándose de su obra con fines políticos y provocando una leyenda negra que llega hasta nuestros días: en Israel está prohibido interpretar su música, a pesar de voces sionistas a su favor, como la del director judío Daniel Barenboim, una de las mejores batutas wagnerianas de nuestros días.

UNA LABOR DE VEINTICINCO AÑOS Y MUCHOS AVATARES

El arquitecto Gottfried Semper
(Hamburgo, 1803 - Roma, 1879).
Nos encontramos en el verano de 1848. La Revolución de Dresde, iniciada en el mes de mayo, se encuentra en su pleno apojeo. Wagner, Kapellmeister de la Corte, mantiene contactos con August Röckel y Mijail Bakunin y participa en el diario Volksblätter. Le acompañan otros intelectuales, como el arquitecto Gottfried Semper, uno de los grandes nombres en la construcción de teatros de ópera. En esos meses, nuestro compositor escribió El mito nibelungo, un esbozo dramático en prosa procedente de las fuentes citadas. Ese mismo año comenzó a elaborar un libreto titulado La muerte de Sigfrido. En ese momento, El Cantar de los Nibelungos, descubierto en 1755, estaba considerado como la Obra Nacional Alemana, lo que suponía para nuestro compositor un paso más en la búsqueda de una identidad nacional alemana dentro del conglomerado de Estados de la época.

La Revolución resultó ser un fracaso, nada más allá de una pequeña pérdida de poder de la nobleza en la Cámara Baja. Wagner y Semper hubieron de escapar de Dresde y refugiarse en Zurich junto con Minna, mujer del compositor. A partir de este momento, tendría grandes problemas para regresar a Alemania y no está muy claro qué fue lo que le movió a tomar parte en la revolución: Wagner no tenía ideales republicanos ni participó activamente en lo que podríamos llamar el "movimiento obrero" en sentido estricto (huelgas, reivindicaciones sindicales...). Probablemente fuera un conjunto de circunstancias personales: verse en un puesto de Kapellmeister en la Corte en la que era tratado como un criado, obligado a componer música en un estilo para él caduco, alejado de las nuevas tendencias románticas, una clase social que veía la música como parte de un protocolo y no como un Arte y una nobleza carente de capacidades intelectuales. De hecho, los textos de Wagner se orientan más hacia una suerte de oligarquía de intelectuales como régimen político con un monarca en la cúspide.



En 1850, asentado en Zurich, nuestro compositor había realizado un esbozo musical para La muerte de Sigfrido. Llegado a este punto, consideró que quedaban cosas por explicar y que era necesaria una ópera previa: El joven Sigfrido, cuyo texto en verso estuvo listo en 1851. En el mes de octubre, finalmente, consideró que el material era tan amplio que eran necesarias cuatro óperas, distribuidas en un Prólogo y tres Jornadas, que son:
  • El Oro del Rhin.
  • La Walkiria.
  • Sigfrido.
  • El Ocaso de los Dioses.
En diciembre de 1852 estaba terminado el libreto en verso. Un libreto que se había compuesto "hacia atrás" argumentalmente hablando y que, para algunos, permite identificar el paso de un Wagner más revolucionario (en el Ocaso) frente a otro más aburguesado (en el Oro). Sea como fuere, la música fue compuesta siguiendo el orden de la trama, si bien el diferente enfoque del texto se muestra también en la música: del arioso y, en general, más sutil Oro, al apasionado Ocaso, para algunos la ópera más vibrante de las cuatro y aquella cuyo lenguaje musical es más fácil de asimilar (vaya por delante que la música de Wagner es compleja y no resulta fácil de escuchar, lo cual trataremos de mitigar seleccionando los fragmentos más representativos y más pegadizos).

Mathilde Wesendonck.
En noviembre de 1853 comenzó la composición del Oro y al año siguiente estubo ultimada Walkiria. Hasta 1857 se sucedería, de forma discontinua, la composición de los dos primeros actos de Sigfrido. Un parón motivado por la poco estable vida en el exilio, los problemas económicos y, una mujer: Mathilde Wesendonck. Su marido, el banquero y comerciante de sedas Otto Wesendonck, era uno de los hombres más influyentes de Zurich y gran amante de las artes, concediendo mecenazgo a Wagner. Mathilde, algo más joven que su esposo, contaba con veinticuatro años cuando conoció al compositor en 1852 y entre ellos se inició una intensa amistad asentada en el amor común por el arte (Mathilde era poetisa).

La relación entre Mathilde y Wagner nunca ha estado del todo clara: dónde acababa la amistad, dónde empezaba el amor, dónde acababa la relación artística, dónde empezaba la musa inspiradora. El caso es que, cinco años más tarde, en 1857, Otto invita a Wagner a residir en el Asyl (casa de huéspedes de su finca). Los terrenos de Wesendonck eran extensos y en el centro se situaba la Villa Wesendonck, un palacete copia de la Villa Albani romana. Y cerca de la misma, el citado Asyl. Fue precisamente tras esta mudanza cuando Wagner cesó la composición del Anillo para centrarse en un mito que simbolizaba el amor prohibido entre él y Mathilde: Tristán e Isolda. Además, nuestro compositor puso música a un ciclo de cinco poemas de ella, los conocidos como Wesendonck Lieder.


Villa Wesendonck y el Asyl, la casa de invitados
donde estuvo alojado el matrimonio Wagner,
hoy convertidos en museo.

La relación Wagner-Mathilde la dejaremos para cuando hablemos de Tristán e Isolda. Ahora baste decir que los criados de ambas casas iban y venían trayendo mensajes de uno y otra durante buena parte del día y que uno de esos mensajes apasionados fue interceptado por Minna. La historia, además de los correspondientes enfados, acabó con Wagner marchando a Venecia en 1858.

Desde esta fecha se inicia un periodo errante, perseguido por su pasado en Desde y por los acreedores. Wagner solicitará desde Venecia su regreso a Sajonia, siendo denegada. Su permiso de residencia en la ciudad, en manos de Austria, caducará y se verá obligado a volver a Suiza, a Lucerna. De allí, marchará a París. Desde allí, toda una gira por Europa interpretando su obra y la de otros compositores: Praga, San Petersburgo, Moscú y Berlín.

En 1864, todo cambiará. Las crónicas lo cuentan con un cierto aire de leyenda romántica. estamos en Stuttgart, un joven de dieciocho años vestido de forma descuidada (al menos hasta donde le permite su clase social) rodea los muros románicos de la Colegiata y se adentra en un barrio de calles estrechas. Lo acompañan dos hombres vestidos de paisano que no terminan de ocultar su aspecto militar. Entra en una taberna y otea el horizonte humoso hasta descubrir a quien busca, apartado en una mesa:

- Perdonad, señor, ¿no es vuestro nombre Richard Wagner?
- Quizás... - responde con altivez.- ¿Cuál es el tuyo, chico?
- ¿No me reconocéis? Soy Ludwig von Wittelbasch; fui a saludaros en Viena,
hace tres años, después de una representación de Lohengrin. Franz Liszt
también estaba allí.
- ¡Claro que os recuerdo... Ludwig - balbucea - no os había reconocido.

Luis II de Baviera.
A partir de aquí, todo es como un sueño: el joven le cuenta que dentro de unas semanas será coronado Rey de Baviera, que admira profundamente su música y sus escritos y le ofrece instalarse en la Corte de Munich o bien en una villa cercana, donde podrá seguir componiendo. Ese verano se asentará en el lago Starnberg, cerca de la capital bávara. El monarca pagará sus deudas y auspiciará los estrenos de Tristán e Isolda y Los Maestros Cantores de Nuremberg en la Ópera Estatal de Baviera. Es también en este periodo cuando se distancia definitivamente de Minna, la cual fallecerá en 1866. Nuestro compositor entonces comenzará a demostrar su interés por Cósima Liszt, hija del compositor Franz Liszt.

El matrimonio se asentará en Tribschen, a las afueras de Lucerna (Suiza) y junto al lago del mismo nombre, donde pudo terminar, en 1869, Sigfrido y, un año más tarde, El Ocaso.


La casa de Tribschen en la que residió la familia Wagner.
Hoy es un museo.



QUIERO UN TEATRO PARA MÍ SOLO

En el Anillo, Wagner pone en práctica todos los postulados dramáticos de los que había teorizado en ensayos como Ópera y drama (1851) o la infuencia en Friedrich Nietzsche y su primera obra, El nacimiento de la tragedia (1871). Por ello, consideraba que los teatros de ópera del momento se adecuaban poco a lo que debería ser el regreso al teatro griego. Espacios con palcos, con alturas, con distinción, en definitiva, de clases sociales, con lámparas que permanecen encendidas y una obra escrita a números cerrados tras los cuales se aplaude eran antidramáticos. Nuestro compositor plantea la música como un continuo sin interrupciones en todo el acto a través de la idea del leitmotiv, motivo musical que pretende describir un personaje, un lugar, una situación o un sentimiento. En el Anillo, con un número abundante de personajes, resulta especialmente efectivo, pudiendo encontrar unos doscientos motivos.


Niestzsche y Wagner. Ambos compartían ideales de renovación.
El ateísmo del primero chocó con la espiritualidad del segundo,
y su amistad se truncó en mutua crítica.
En cuanto a cómo debería ser un teatro de ópera, nuestro compositor llamó a su viejo amigo, el arquitecto Semper, que ya había construido la Ópera de Dresde con gran éxito, al objeto de intentar adaptar la Ópera Estatal de Baviera. Luis II estaba encantado con el proyecto y decidido a financiarlo, pues si había invertido cantidades astronómicas en levantar castillos de hadas en las montañas bávaras, mucho más fácil era construir un teatro de ópera. Sin embargo, las presiones de los ministros impidieron que la obra se llevara a cabo.


La Ópera de Dresde, obra maestra de Semper que
inspiró la construcción de un teatro para Wagner.
Entretanto, Luis II deseaba ver ya en escena la Tetralogía, con teatro apropiado o sin él. Por ello, hizo representar en la Ópera Estatal de Baviera, el 22 de septiembre de 1869, el Oro, y Walkiria el 26 de junio siguiente. El compositor no estaba conforme en que la obra se partiese y el director propuesto, Hans Richter, que había sido asistente musical de Wagner, mostró su rechazo, por lo que hubo de ser sustituido en el último momento por Franz Wüllner. El compositor permenció en Tribschen y no asistió al estreno, el cual criticó fuertemente comenzando por el director, al que consideraba inapropiado. Sin embargo, las crónicas nos hablan de un éxito apoteósico y de un director, Wüllner que, aun siendo inferior a Hans Richter o a Hans von Bülow (quien había estrenado Tristán y Los Maestros Cantores), realizó un competente trabajo que le valió sustituir a este último al frente de la institución cuando dejó Munich en 1870.

La elección del lugar en el que emplazar el teatro al final resultó ser el más inesperado. Se cuenta que Wagner le dijo a Cósima que buscase qué teatro de Alemania tenía la boca de escenario más grande, probablemente en su empeño de poder adaptarlo, solución más sencilla que construirlo. Era la Ópera de Bayreuth (conocida como la Ópera del Margrave) la que ostentaba tal honor. Resultó que esta pequeña ciudad de Franconia pertenecía a Baviera, por lo que fue fácil pedir una reunión con el Alcalde y ver el teatro. El interior desagradó al compositor: Rococó... no servirá. Su abigarrada estética no encajaba con su ideario próximo al teatro griego, pero el Alcalde estaba entusiasmado con la propuesta y cedió un terreno a las afueras (la hoy conocida como Verde Colina) para construirlo.


Interior de la Ópera del Margrave de Bayreuth, opción desechada por Wagner.
El teatro es hoy Patrimonio de la Humanidad.
Ahora sólo faltaba construir. Para ello se utilizaron los planos del proyecto de Semper para Munich, que fueron ejecutados por Otto Brückwald. Las obras fueron financiadas con las aportaciones de Luis II, las Asociaciones wagnerianas que el matrimonio fue constituyendo por media Europa y los conciertos que en diversas ciudades europeas dio el compositor. Se iniciaron el 22 de mayo de 1872, cumpleaños de Wagner, en una mañana lluviosa, y estuvo ultimado en 1876. Dos años antes, el matrimonio y sus tres hijos abandonaron Trischben para asentarse en Bayreuth, en la Villa Wanhfried, diseñada por el arquitecto berlinés Wilhelm Neumann.

Fachada principal de Wanhfried, con el busto de Luis II de Baviera. Desde
 1976 alberga la casa-museo más completa de todas las que
tiene el compositor.



El teatro resultó ser una mole de imponentes dimensiones con el escenario más grande del mundo y una moderna maquinaria. Posee un doble proscenio, rematados por sendos juegos de columnas corintias, lo que le dota de un efecto de mayor profundidad. La sala, en forma de anfiteatro, es un abanico de 2000 butacas que garantiza la visión desde cualquier punto y coloca a todos los espectadores en las mismas condiciones. Además, permanece en penumbra total durante la representación, lo que permite concentrarse al máximo en lo que sucede en el escenario. El foso orquestal está hundido bajo el escenario y desciende en escalones según las secciones de instrumentos, proporcionando la que probablemente sea la mejor acústica del mundo.

El Teatro de Festivales de Bayreuth. Fachada principal y vista lateral.


EL ESTRENO

Escenario del Teatro de los Festivales.
Ultimado el teatro, se programó el estreno del ciclo completo para el mes de agosto. Comenzó la tarea de reclutar un reparto completo y cuerpos estables (coro y orquesta) para el teatro. Estos últimos se obtuvieron (y se siguen obteniendo) de los mejores coros y orquestas alemanes. El estreno corrió a cargo de Hans Richter, estrechamente asesorado por el compositor, logrando un resultado apoteósico.

Al estreno acudieron compositores como Tchaikovsky, Liszt o Saint-Säens, diversos monarcas e intelectuales. Comenzaba así el Festival de Bayreuth, dedicado al compositor hasta hoy y que el 25 de julio inaugurará una nueva edición con un nuevo montaje de Tristán e Isolda debido a la bisnieta del compositor, Katharina Wagner, y dirigido musicalmente por Christian Thielemann, ex-director de la Deustche Oper de Berlín y la batuta wagneriana más importante de nuestros días. La familia Wagner ostenta de facto en Alemania un estatus propio de familia real. La dirección en el Festival es sucesoria y vitalicia (actualmente en manos de su bisnieta) y es la familia quien recibe en la esplanada frente al teatro a todas las autoridades que estarán presentes en la inauguración, incluida a la Canciller alemana. Angela Merkel es una ferviente wagneriana que lleva acudiendo al Festival décadas y desde su cargo ha incentivado, si cabe más, que lo que en Bayreuth tiene lugar el 25 de julio de cada año sea un acto de Estado. Un acto que ha sobrevivio al tiempo y a avatares tan oscuros como la avenida llena de esvásticas a la espera de que Hitler saludara desde el balcón de la fachada principal o a la guerra fría y Alemania dividida. El Arte se impone.

El próximo domingo, con el Festival inaugurado, hablaremos de la primera de las óperas de la Tetralogía: El Oro del Rhin.

ANÉCDOTAS

DE ALEMANIA Y DE BRASIL

Pedro II de Brasil.
Al estreno del Anillo acudieron el Emperador Guillermo II de Alemania y también el Pedro II, Emperador de Brasil. La relación de éste con Wagner venía de años atrás. El monarca se enteró por su cónsul en Suiza que un compositor quería estrenar una obra impresionante (el Anillo) en un teatro apto para ello. El Emperador contactó con él, pero quería la obra en italiano, a lo que Wagner rehusó, ofreciéndole el cambio la posibilidad de estrenar allí Tristán. Las negociaciones se fueron desvaneciendo y no cristalizaron, pero el soberano no quiso perderse el estreno en Bayreuth.


¿QUÉ PIENSA USTED DE RICHARD WAGNER?

Karl Marx cuenta que acudió a Munich en el verano de 1876. En la capital se acumulaban autoridades, intelectuales y curiosos, admiradores y detractores, en los días previos al estreno del Anillo en Bayreuth y no había alojamientos disponibles. A Marx le desquició esta situación y contó después: Vaya donde vaya, siempre me torturan con la misma pregunta: ¿Qué piensa usted de Richard Wagner?


UN WAGNER DE JARDÍN

En 2013 se celebró el bicentenario del nacimiento del compositor. Los extensos jardines que rodean el Teatro de los Festivales fueron invadidos por quinientos Wagner de plástico de color azul, violeta oscuro y violeta claro, de un metro de altura, al más puro estilo enanos de jardín, diseñados por Ottmar Hörl. Al acabar el aniversario se vendieron a 300 euros cada uno. ¡Y la venta fue un éxito! Yo aún no he visto ninguno en un jardín de España, pero me resisto a no seguir mirando.


Wagner de jardín.
EL ANILLO PATRIMONIO INMATERIAL DE LA HUMANIDAD

Hace uños se solicitó a la UNESCO que la Tetralogía wagneriana pasara a formar parte del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La petición fue rechazada. Por lo que respecta a la música, sólo una obra, La Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach, está en el listado.