domingo, 25 de enero de 2015

Karelia de Jean Sibelius (II)

Continuamos la escucha de Karelia de Jean Sibelius. La semana pasada hablamos de cómo nuestro compositor se fue introduciendo en la estética nacionalista de una Finlandia dependiente del Imperio Rusio y escuchamos la primera parte de la obra, esa Karelia primitiva y medieval. Esta semana continuamos donde lo dejamos.

La leyenda de Aino (detalle). 
Akseli Gallen-Kallela,  
Museo Ateneum de Helsinki.
FICHA TÉCNICA

Obra: Karelia.
Compositor: Jean Sibelius (Hämmeenlinna, Gran Ducado de Finlandia, Imperio Ruso, 1865 - Järvenpää, Finlandia, 1957).
Año de composición: 1893.
Estreno: El 13 de noviembre de 1893, en Viipuri. El compositor dirigió a la Orquesta de la Sociedad Filarmónica.
Versión actual: En 1997, Jouni Kaipanen (n. 1956) reconstruyó la obra, siendo la versión actualmente interpretada.
Duración: 45 minutos, aprox.
Discografía propuesta: Tuomas Ollila dirigiendo a la Orquesta Filarmónica y Coro de Tampere. Tellu Virkkala (soprano), Anna-Kaisa Liedes (soprano), Juha Kotilainen (barítono), Ondine (1998).











AVANZANDO EN LA HISTORIA DE KARELIA

La semana pasada escuchamos la primera parte de la obra. Después de una obertura donde Sibelius nos dibujaba diversos temas de corte folclórico, la música nos describió diversos episodios, desde los primitivos cantos rúnicos a la construcción del castillo de Viipuri o la recaudación de impuestos por Narimont, Duque de Lituania. Tras el animado intermedio, se abre la segunda parte, con el cuarto cuadro.

Karl Knutsson deja el castillo de Viipuri para participar en la elección 
del rey de Suecia, Severin Falkman (1880-1886).
Palacio Presidencial (Helsinki).

La música describe una escena palaciega en el castillo de Viipuri en 1446. El edificio es la corte de Karl Knutsson, Margrave desde 1442 y que en 1448 ascendería al trono como Carlos VIII de Suecia y, un año más tarde, rey de Noruega. El motivo único, de ritmo reposado alternado con otro algo más danzable permite construir el ambiente idóneo. El movimiento enlaza con uno de los pasajes que más entusiasmo despertó el día del estreno: la Balada, encomendada al barítono. Cuentan las crónicas que el estreno no se caracterizó por el silencio absoluto, más por asombro y ganas de comentar la jugada que por aburrimiento. Al público le iba entusiasmando cada escena y hacía oír sus comentarios, pero al llegar la Balada, interpretada en aquella ocasión por el barítono Kruskopf, se hizo el silencio. La pieza está pensada como una melodía que un cantor interpreta para entretener a la Corte. Su texto procede de una canción folclórica, La danza de la arboleda en floración y cuenta la historia de un paje que cabalga en un caballo gris hasta llegar a un paraje con árboles en flor y doncellas danzando.

El quinto cuadro nos lleva a 1580, a la conquista de la ciudad de Käkisalmi. Las crónicas relatan que en el estreno hubo fuegos artificiales para emular el ruido de la contienda. Por desgracia, hoy la pieza nos ha llegado sin las parte de la cuerda grave, lo que le priva de parte del efecto. Las reconstrucciones han salvado la pieza, no demasiado larga, como buenamente han podido.

Tras él, un segundo intermedio musical, número que ha trascendido por su aire animado y folclórico, casi de marcha (la indicación de tempo es Alla marcia).


El sexto cuadro representa el cerco al castillo de Viipuri por parte del ejército ruso en 1710. En forma fugada y con reminiscencias en la sección central del tema del tercer cuadro, ha llegado hasta nuestros días con la orquestación incompleta, faltando las partes del cello y del contrabajo y parte de la de la viola, reconstruidas en la versión que escuchamos.


Maamme, en una edición de   
Las historias del Alférez Stahl.
El séptimo cuadro lleva por título La reunión de la Vieja Finlandia con el resto de Finlandia, rememorando la anexión de Finlandia al Imperio Ruso en 1811 como un Gran Ducado, provocando que todo el territorio, aun cuando no tuviera independencia, estuviera unido (tras la conquista de Viipuri por los rusos en 1710 la zona había quedado dividida en dos). Enlaza con el octavo, donde el compositor utilizó la melodía del Vart land (Nuestra tierra, en sueco, traducido como Maamme en finés) de Frederik Pacius. Se trata de una composición de 1848 sobre un poema de Johan Ludvig Runeberg contenido en el Prólogo de Las historias del Alférez Stahl, obra que describe los eventos de la Guerra contra el Imperio Ruso previa a la anexión. En la época que nos ocupa se había convertido en el himno oficioso de la independencia, y cuando Finlandia la consiguió, se convirtió en himno nacional. Aunque en la versión que vamos a escuchar tiene coro, se trata de un añadido de la reconstrucción. Sibelius no dispuso ninguna intervención coral en la obra, probablemente para no cargar de elementos accesorios la representación, pero el día del estreno, cuando comenzó a sonar el fragmento, el público comenzó a cantar la letra, por lo que Kaipanen consideró conveniente introducir una armonización en la reconstrucción.


EL RESULTADO

Aunque Sibelius contase después que el estreno no había sido de su agrado por los cuchicheos y comentarios del público, que no siguieron con religioso silencio la representación, lo cierto es que la obra resultó un éxito. El empleo de melodías populares y la temática patriótica fueron ingredientes indispensables para ello.

Sibelius en un billete de 100 marcos finlandeses,
la moneda anterior al euro.

Tras el estreno el 13 de noviembre de 1893, se volvió a representar el 18. Al día siguiente, Sibelius dirigió en un concierto en Helsinki con la misma orquesta que había estrenado la obra, tres extractos: el primer intermedio, el cuarto cuadro y el segundo intermedio, bajo las denominaciones de Intermezzo - Balada - Alla marcia. Como el cuarto cuadro tiene barítono solista, el papel es encomendado al corno inglés.

No está muy claro el por qué del proceder de Sibelius, y desde luego no nos parece lo más probable que hubiese quedado desencantado del resultado. Se ha apuntado que quizás su amigo, el compositor y director de orquesta Robert Kajanus, le propusiera extractar los fragmentos más populares para interpretarlos en sala de conciertos. Ciertamente, fue Kajanus el que más divulgó esta Suite, que circuló los primeros años con diversos nombres: Suite para orquesta, Suite sobre motivos históricos y finalmente Suite Karelia.

También la Obertura de la obra tuvo su particular viaje en el catálogo del compositor. Consta que en un concierto de 23 de noviembre del mismo año, Sibelius añadió la Obertura, pero ésta pronto siguió un camino diferente cuando tuvo algunos pequeños retoques en 1906 y la qudó numerada con el 10 del catálogo, mientras que el opus 11 quedó integrado exclusivamente por la Suite.

El manuscrito de la obra completa quedó en manos de Kajanus, no siendo devuelto al compositor hasta 1936, tres años después de la muerte de éste. Como ya contamos la semana pasada, Sibelius lanzó al fuego el ejemplar en los años cuarenta del siglo XX. Afortunadamente, las particellas pudieron obtenerse de los archivos, ensamblándolas Kalevi Kuosa en 1965, si bien fragmentos dispersos de la cuerda grave o la flauta en varias partes hacían impracticable la interpretación. Ya en 1997 se presentaron las reconstrucciones de Jouni Kaipanen y Kalevi Aho.

TRANSCRIPCIONES 

La popularidad de la Suite motivó las transcripciones para piano (debida a Otto Taubmann) y piano a cuatro manos (Karl Ekman) en vida de Sibelius. Escuchemos el primer intermedio en la transcripción para piano (en la Suite, primer movimiento):


ANÉCDOTAS

DE APOYO A RIVALIDAD

Robert Kajanus
Como hemos venido contando, Robert Kajanus apoyó decididamente a Sibelius. Nueve años mayor que él, no sólo difundió Karelia en su transformación en Suite, sino que ya en 1878 había dirigido una obra de juventud, Leevi Madetoja. Pero en 1896 ambos disputaron una cátedra en la Universidad de Helsinki de la que salió triunfador. Sibelius no se lo tomó muy bien y comenzó a ser muy crítico con todo lo que su rival hacía o decía.

En 1900 la Orquesta de la Sociedad Filarmónica llevó a cabo una gira por Europa que culminaría en París, con motivo de los actos de la Exposición Universal, y donde fueron llamados los dos. Si consideramos que el que tenía el reconocimiento institucional era Kajanus, para Sibelius fue ganarle media partida.
En 1906, Sibelius dedica a Kajanus su obra La hija de Pohjola. Por su parte, Kajanus funda en 1919 el Festival de Música Nórdica, cuya primera edición tuvo lugar en Copenaghe y donde invitó a Sibelius. Muestra de simpatía que queda indiscutidamente probada cuando, en los años treinta, graba con la Orquesta Sinfónica de Londres varias de las sinfonías de Sibelius en los primeros años de la industria discográfica.

La realidad tal vez sea que ambos eran complementarios: si bien desempañaban las labores de compositor y director, Sibelius merece el reconocimiento como compositor y Kajanus como director.

El texto de Vart land en el monumento
a Runeberg en Helsinki.

EL HIMNO DE FINLANDIA

Como ya hemos dicho, el himno nacional de Finlandia es el Vart land (en sueco) o Maamme (en finés), compuesto por Frederik Pacius sobre un poema de  Johan Luvdig Runeberg. Esta composición actualmente es objeto de crítica en base a argumentos históricos y literarios: la versión original sueca del poema alude a "nuestro lugar en el Norte", introduciéndose la alusión a Finlandia en la versión en finés. Además, Pacius era alemán (si bien vivió gran parte de su vida en Finlandia) y Runeberg era sueco-finés, si bien fue un gran defensor de la causa. Además, el himno de Estonia utiliza como base la misma composición de Pacius, con una letra muy similar.

La alternativa propuesta ha sido el arreglo que Sibelius hizo años después de un tema extraído de su poema sinfónico Finlandia (1899) y titulado, precisamente Finlandia: himno. Esta adaptación fue realizada para coro, añadiéndole letra Wainö Sola primero y después Veikko Antero Koskenniemi en 1940. La Constitución finesa de 1918 no recogió disposición alguna referente al himno, probablemente porque en aquél momento no había discusión en que debía ser Vart land, por su tradición en el movimiento nacionalista.

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