Mostrando entradas con la etiqueta mozart. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mozart. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de abril de 2016

Dúo para violín y viola en sol mayor de Mozart

La arquitectura de una obra de Mozart se asemeja a la de una catedral gótica: finos muros sostienen perfectamente un edificio de bellas proporciones y equilibrio que parece estar condenado al derrumbe si alguna de sus notas se desplaza. Si Mozart se ha distinguido de sus coetáneos por la estilización de las filigranas sonoras, esto se hace aún más patente en las obras de pequeño formato, incluso cuando el violín y la viola bastan para formar una obra.

Vista de la ciudad antigua de Salzburgo.
FICHA TÉCNICA

Obra: Dúo para violín y viola nº 1, en sol mayor, K. 423. 
Autor: Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756 - Viena, 1791).
Año de composición: 1783.
Estreno: Se desconce. Se publicó postumamente en 1792 junto con otro dúo similar.
Duración: 15 minutos, aprox.
Discografía recomendada: Arthur Grumiaux, violín y Arrigo Pelliccia, viola (DECCA).



MARCHÁNDOSE DE SALZBURGO

Hablando del Dúo para violín y viola en sol mayor regresaremos a Salzburgo en un doble sentido. En primer lugar, porque ya hablamos de Mozart, Salzburgo y el violín a  raíz de su Concierto nº 3; en segundo, porque si al final de aquella entrada nuestro compositor marchaba a Viena, con este dúo le tenemos de nuevo en su ciudad natal.


Este retrato es el que más habitualmente se
asocia al Mozart juvenil. Realmente es una
obra realizada en 1819 por la pintora checa
Barbara Krafft, asentada en la Corte de Viena.
En aquella ocasión ya explicamos cómo era Salzburgo y en qué situación política, social y cultural se encontraba en la época de Mozart, cuando gobernaba el Príncipe-Arzobispo Jerónimo de Colloredo. También indicamos que sus cinco conciertos para violín (1775), compuestos cuando nuestro compositor contaba con diecinueve años, fueron obras destinadas al ambiente cortés del Arzobispo. Mozart consideraba que mantenía una relación servil que poco o nada le permitiría avanzar como compositor y puso fin a su estancia en la ciudad en marzo de 1781, trasladándose a Viena.

Lo que inicialmente era visto exteriormente como una colaboración puntual en la corte vienesa (fue llamado por José II, recién coronado, tras el éxito cosechado con su ópera Idomeneo, rey de Creta), se fue prolongando hasta que Colloredo lo llamó de vuelta en mayo. La relación fue tensándose, con un Mozart muy seguro de sí mismo (¿Su Gracia no está conforme conmigo?, llegó a replicarle) que acabó expulsado del despacho del Arzobispo y terminó con una suerte de renuncia por parte del músico y con su padre, Leopold, preocupado por las consecuencias.

Así las cosas, en Viena se le abrieron muchas puertas, tanto de intérprete como de compositor. Alojado en casa de una viuda, María Cecilia Weber, se enamoraría de su hija Constanza y nuestro compositor pronto querría contraer matrimonio pese a las reticencias de su padre sobre la idoneidad de la consorte. El enlace tuvo lugar el 4 de julio de 1782 a las espaldas de éste, quien sin embargo tuvo el talante suficiente para agradecer por carta a la baronesa Waldstädten el que se hubiera ocupado de la organización de la fiesta, no sin recriminar a su hijo:


Es una persona difícil de convencer, unas veces demasiado transigente
y otras demasiado soberbio. Una divergencia de opiniones que le 
convierte en un hombre indeciso. Es temario e impaciente,
incapaz de esperar, y no conoce el punto medio de las
cosas, sino que abraza siempre los extremos.

REGRESO A SALZBURGO

Constanza, en un retrato 
de Hans Hansen (1802).
Si observamos detenidamente, 
vemos como sostiene el
manuscrito con las obras de su marido.
Probablemente sea un regalo del que
después sería su segundo marido,
el diplomático Georg Nikolaus von Nissen.
Asentados Constanza y Mozart en Viena y calmados los ánimos de su padre, la cortesía exigía una visita a éste y a su hermana Nannerl. Sin embargo, nuestro compositor fue dilatando la ocasión, aduciendo unas veces la reposición de su ópera El rapto del serrallo y otras el no abandonar las clases de sus alumnos. No parece que su padre se ofendiera en demasía, pues a Salzburgo llegaban las noticias de los éxitos de su hijo, lo que le bastaba para disculparle.

No será hasta el verano de 1783 cuando la pareja llegue a la ciudad bañada por el Salzach, concretamente un 30 de julio. Allí le esperaba un padre encantado por la carrera de su hijo, a quien sin embargo parece que le aconsejaba conseguir un puesto oficial en la Corte, más estable que el régimen de profesional liberal que se había fraguado. Nuestro compositor inicialmente acudió a su ciudad natal temeroso, pues formalmente era un criado huido, al no haber firmado nunca Colloredo carta alguna de despido. Sin embargo, parece que el Arzobispo daba por zanjado este tema.

Mozart llevaba una misa cuya composición estaba muy avanzada y que tenía por objeto celebrar su matrimonio (de hecho, la soprano solista sería Constanza). Esta misa, la Gran misa en do menor, es la mejor obra sacra del compositor para quien estas líneas escribe, lo que demostraría que si era bueno cuando trabaja por encargo, era aún mejor cuando lo hacía para provecho propio o incluso sin proponérselo, como veremos con el dúo para violín y viola.

La Gran misa merece un capítulo aparte. Pero es que entre lo grande muchas veces se cuela lo pequeño, tan bello e interesante como las obras de grandes proporciones. Y así fue en este caso.

UNOS DÚOS PARA VIOLÍN Y VIOLA

Retrato de Michael Haydn,
atribuido a Franz Xaver Hörnock
La estancia de la pareja en Salzburgo se prolongaría por tres meses. Allí nuestro compositor tuvo oportunidad de retomar el contacto con alguna de sus amistades, entre ellas, Michael Haydn, hermano menor de Joseph Haydn. La relación con los Haydn siempre fue excelente. El hermano pequeño, Michael, era Maestro de Capilla y uno de los pocos músicos con los que la familia mantenía verdadera relación de amistad. Hemos de decir que los Mozart habían organizado su vida doméstica en la ciudad en torno a los altos funcionarios, médicos y comerciantes y no entre los artistas, a quienes Wolfgang detestaba por su modo de vida y sus maneras, alejadas del ambiente acomodado del que era tan asiduo.

Durante el verano, Michael debía escribir para el Arzobispo seis dúos para violín y viola. Desconocemos el destino de los mismos. Colloredo era aficionado a la filosofía y a las artes, tocaba el violín y en su despacho había sendos retratos de Voltaire y Rousseau, pero parece improbable que estos dúos estuvieran destinados para interpretación personal, habida cuenta de que tienen cierto aire virtuoso y van más allá de la simple obra para aficionado. El pequeño de los Haydn compuso cuatro de ellos, pero enfermó. El Arzobispo reclamó el encargo a la mayor brevedad, so pena de bloquear el sueldo del músico. No se sabe exactamente de quién partió la idea de que Mozart concluyera el trabajo, pero es probable que fuera él mismo, dado su carácter decidido y desprendido, quien en periodo estival y fuera de Viena, es de prever que tuviera escasas ocupaciones y estuviera deseoso de dar cauce a su genio creativo.

Michael y Wolfgang, pese a la evidente diferencia de edad (cuarenta y seis años el primero y veintisiete el segundo) mantenían un mutuo respeto y hasta admiración por su trabajo y el segundo no tuvo inconveniente alguno en terminar el encargo con sendos dúos, hoy incluidos en su catálogo como K. 423 (el primero, en sol mayor) y K. 424 (el segundo, en si bemol mayor), pero que se hicieron pasar por obra del primero.

EL DÚO PARA VIOLÍN Y VIOLA Nº 1 EN SOL MAYOR


Portada de una edición de los dos dúos
de Mozart. Ya desde la primera edición
de 1792, la autoría de los mismos no fue
discutida.
Vamos a explicar qué tienen de características y por qué merecen ser tenidas en cuenta estos dos pequeñas obras, centrándonos en la primera. Hemos de indicar que los cuatro dúos que Michael había compuesto tenían las tonalidades de do, re, mi y fa. Mozart añadió uno en sol y prefirió la de si bemol para el último de ellos. La historia de los dos dúos intrusos llega por el relato de dos alumnos de Michael, quien identificaban sin género de dudas ambos como de Mozart. Como obra suya fueron publicados postumamente en 1792 por Artaria en Viena. Este relato nos indica que nuestro compositor, que visitaba al enfermo todos los días, tardó dos jornadas en regresar con sendas copias en limpio de dos dúos que Michael firmó como suyos.

La Morgan Library de Nueva York hace figurar en su catálogo que posee la partitura manuscrita de estos dúos y ofrece la posibilidad de comprarlo en facsímil. Es probable que esta copia en limpio, como se ha venido en llamar al manuscrito que Wolfgang entregó a Michael no sea autógrafa del primero o que deliberadamente oculte la caligrafía para evitar cualquier sospecha. El hecho es que Colloredo no se percató que en la composición habían intervenido manos distintas, ni siquiera auditivamente.

Comencemos a escuchar el dúo:



El comienzo ya ofrece una declaración de principios. No sabemos si Mozart adaptó su estilo para camuflar el engaño o directamente se tomara este trabajo no sólo con fines filantrópicos sino como burla a su antiguo señor. El caso es que el inicio ofrece claras pautas mozartianas en el acorde inicial, el mordente y la bajada del violín. Pero en conjunto ofrece diferencias evidentes con los de Haydn. Se ha dicho que el compositor, cuando abandonó Salzburgo, no compuso nada más para el violín a excepción de dos cuadernos de variaciones para violín y piano nada más llegar a Viena, de carácter pedagógico. Incluso, cuando debía hacer de intérprete en un cuarteto, escogía la viola. Ciertamente el violín le recordaba la desagradable etapa de Salzburgo, lo que provoca que la viola gane en el conjunto. Si los dúos de Haydn podría decirse que en realidad son para violín con acompañamiento de viola, Mozart logra un equilibrio perfecto de fuerzas sin reparar en los aspectos técnicos.


Primera página del dúo para violín y viola en sol mayor.

A nuestro compositor le avalaba la composición de cuartetos (el K. 387, en la misma tonalidad, ha sido calificado de influencia en este dúo) y, sobre todo, la Sinfonía concertante para violín y viola en mi bemol mayor, compuesta en 1779. El equilibrio de fuerzas es asombroso, dotando a ambos de momentos de protagonismo e incluso de enfrentamiento en tensión para diluir en agradables intervalos de tercera.

La estructura del primer movimiento es el de una forma sonata en la que, sin embargo, el desarrollo posee escasos compases comparados con la exposición y la reexposición. Quizás con ánimo de no hacer alardes de genialidad que pudieran dar la voz de alarma acerca de la autoría. Para desgracia de Haydn, la comparación es odiosa y, no sabemos si deliberadamente o por natural genialidad, Mozart supera claramente a su compañero.

Una escucha de este primer movimiento nos da claras muestras del lenguaje de Mozart, que con las mínimas texturas levanta el edificio armónico sin que exista vacío apreciable. Momentos que lo atestiguan: los mordentes iniciales que nos recuerdan al movimiento final de la Serenata K. 239; el cálido segundo tema (0:59) que concluye en bellas terceras; el motivo siguiente que recuerda fácilmente a la Sinfonía Concertante o el inicio del desarrollo (3:32) y la inspiradísima conclusión del pasaje (3:37). El 4:39, que enlaza con la reexposición, recuerda nuevamente al movimiento final de la Serenata K. 239.

El segundo movimiento es de una duración mucho más breve:



Escrito en do, Mozart resuelve con facilidad el problema del excesivo estatismo en los movimientos lentos. Para ello, concede una expresiva melodía lenta al violín mientras que atribuye el movimiento rítmico a la viola a base de arpegios y escalas en semicorcheas. La línea del violín se va ornamentando según avanza el movimiento. En momentos como el 1:28 o el 2:20 la melodía pasa a la viola, si bien el violín se mantiene en una tesitura aguda para permitir distinguir claramente el instrumento grave.



El tercer movimiento, un Rondó dilatado que retorna a la tonalidad de sol mayor, muestra de nuevo el equilibrio de fuerzas entre ambos instrumentos. Reminiscencias del tercer movimiento de la Sinfonía Concertante lo encontramos en los mordentes del violín (a partir de 0:29). 

El segundo tema está cargo de nobleza (0:53). Abierto por la viola en doble cuerda, si la obra fuera para orquesta, indudablemente lo asociamos a la trompa. La llamada es escuchada por el violín, quien contesta con alegría mientras la repite para fundirse en terceras en el 1:04.

Una tercera sección comienza en el 2:04 en forma de canon durante trece compases. Mozart juega con la tonalidad menor para dar contraste al movimiento sin resultar excesivamente dramático. 

El primer tema regresa en el 3:29 con ligero desarrollo. El segundo tema regresa en 4:25 con algún guiño meloso. La obra concluye con el primero en 5:08 y una coda.

Escuchada la obra sólo cabe concluir que Mozart, con poco o con mucho, sabía levantar una composición entera sin que echemos en falta nada. Dos instrumentos bastan. Más, es innecesario.

ANÉCDOTAS

UN INTERCAMBIO DE OBRAS

Haydn quedó tan agradecido por la ayuda que le prestó Mozart que le regaló una sinfonía. también en sol mayor con tres movimientos. La obra estuvo ultimada en el otoño de ese año y se la entregó cuando ambos se encontraban en Linz.

A ella le añadió nuestro compositor una introducción lenta, recopiando todo ello. Por eso, esta obra pasó durante más de un siglo por una supuesta sinfonía nº 37. En 1907, la revisión del catálogo del compositor determinó que esta obra era de Michael Haydn y que Mozart sólo había compuesto la introducción. La sinfonía tiene un estilo más anticuado y es probable que nuestro compositor hiciera la gracia de añadirle una introducción algo más innovadora.

¿UNA FÓRMULA CON ÉXITO?

Junto a estos dos dúos, existen otros doce para violín y viola de nuestro compositor. Aunque nos hayan llegado así gracias a algunas ediciones, no son tales. Estos dúos, con número de catálogo K. 487/496a, fueron compuestos en 1786 para dos trompas. El compositor realizó una transcripción para dos violines, pero la transcripción para violín y viola es un anónimo que nos ha llegado hasta nuestros días.

domingo, 1 de marzo de 2015

Miserere de Allegri

El Miserere es una de las composiciones más típicas de la polifonía renacentista, sobre el texto del Salmo nº 50. El más famoso, por su curiosa historia, su belleza y, a la par, su complejidad, es el compuesto por Gregorio Allegri hacia 1638 por encargo del Papa Urbano VIII para ser interpretado, exclusivamente, en la Capilla Sixtina.

La creación de Adán. Miguel Ángel Buonarroti (h. 1511).
Techo de la Capilla Sixtina.
FICHA TÉCNICA

Obra: Miserere.
Compositor: Gregorio Allegri (Roma, 1582 - ibid., 1652).
Año de composición: h. 1638.
Estreno: En los maitines de Miércoles Santo del mismo año en la Capilla Sixtina.
Duración: 12 minutos, aprox.
Discografía propuesta: The Tallis Scholars, dirigidos por Peter Philips. Grabación en directo realizada en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, 1994 (Gimell).

EL MISERERE

La denominación Miserere hace referencia a la composición musical sobre el texto del Salmo nº 50, texto poético que comienza, en la Vulgata de San Jerónimo (traducción al latín de la Biblia hebrea y griega), con el verso Miserere mei, Deus ("Ten piedad de mí, oh Dios").

El Rey David cantando salmos.
Ilustración de un códice miniado.
Los salmos ("alabanzas") son un conjunto de 150 poemas de temática religiosa escritos originalmente en hebrero y recogidos en el libro bíblico del mismo nombre. Datan del siglo X a. C. y 73 de ellos aparecen atribuidos al Rey David. El monarca gobernaba Israel en esos años y los textos nos hablan de un monarca interesado por las artes, si bien es probable que, como ocurre con otras obras de similares circunstancias (las Cantigas de Alfonso X, por ejemplo), no interviniera en la composición de todos y cada uno de ellos en su totalidad, sí en cambio auspiciando su creación y difusión. Su temática común es la relación con Dios, bien en forma de himno, de súplica, de acción de gracias, didácticos o de sabiduría. Dentro de los salmos de súplica encontramos el que nos ocupa.

Estas obras han llegado hasta nuestros días debido a su pronta utilización en las ceremonias judías y su paso a la liturgia cristiana, colocando un salmo entre las dos lecturas de la misa de domingos y fiestas de guardar o tras la única lectura que se lee en la misa de diario. Además, aparecen en otras ceremonias religiosas y así, el salmo que nos ocupa es utilizado en los laudes de todos los viernes del año y en los maitines de Miércoles y Viernes Santo.

El texto del Salmo nº 50 dice lo siguiente:

LATÍN
CASTELLANO
Miserere mei, Deus: secundum magnam misericordiam tuam.
Et secundum multitudinem miserationum tuarum, dele iniquitatem meam.

Amplius lava me ab iniquitate mea: et a peccato meo munda me.
Quoniam iniquitatem meam ego cognosco: et peccatum meum contra me est semper.

Tibi soli peccavi, et malum coram te feci: ut justificeris in sermonibus tuis, et vincas cum judicaris.
Ecce enim in iniquitatibus conceptus sum: et in peccatis concepit me mater mea.

Ecce enim veritatem dilexisti: incerta et occulta sapientiae tuae manifestasti mihi.
Asperges me hysopo, et mundabor: lavabis me, et super nivem dealbabor.


Auditui meo dabis gaudium et laetitiam: et exsultabunt ossa humiliata.
Averte faciem tuam a peccatis meis: et omnes iniquitates meas dele.

Cor mundum crea in me, Deus: et spiritum rectum innova in visceribus meis.
Ne proiicias me a facie tua: et spiritum sanctum tuum ne auferas a me.

Redde mihi laetitiam salutaris tui: et spiritu principali confirma me.
Docebo iniquos vias tuas: et impii ad te convertentur.


Libera me de sanguinibus, Deus, Deus salutis meae: et exsultabit lingua mea justitiam tuam.
Domine, labia mea aperies: et os meum annuntiabit laudem tuam.


Quoniam si voluisses sacrificium, dedissem utique: holocaustis non delectaberis.
Sacrificium Deo spiritus contribulatus: cor contritum, et humiliatum, Deus, non despicies.


Benigne fac, Domine, in bona voluntate tua Sion: ut aedificentur muri Ierusalem.
Tunc acceptabis sacrificium justitiae, oblationes, et holocausta: tunc imponent super altare tuum vitulos.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.


En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre.



Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.


Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.


Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.

 
GIOVANNI ALLEGRI: UN COMPOSITOR QUE DA EL PERFIL

Allegri es el prototipo de compositor de música sacra del Renacimiento, relacionado con lo eclesiástico toda su vida. De familia más bien humilde, pudo estudiar gracias a que fue admitido en la Capilla musical de la Iglesia de San Luis de los Franceses de Roma, a la par que se inició en los estudios de Teología. El Maestro de Capilla lo recomendó a su hermano, Giovanni María Nanino, amigo de Giovanni Pierluigi de Palestrina, uno de los más famosos polifonistas del Renacimiento. Estudió canto en diversas Catedrales y, en 1628, se presentó a los exámenes de acceso al Coro de la Capilla Papal, siendo admitido.

El resto de su vida permaneció en dicho Coro, lo que le dio estabilidad, pero también una cierta monotonía, lo que ha hecho en gran medida que, aun conservando gran parte de su producción musical, no tenga la difusión que tienen los dos grandes compositores del Renacimiento: el abulense Tomás Luis de Victoria y el citado Palestrina. En el caso de Victoria, nacido en la ciudad de cantos y de santos, acudió a Roma sin olvidarse nunca de su Ávila natal, enviando música para la Catedral. Hoy la ciudad le recuerda llevando su nombre el Conservatorio y el Auditorio.

EL MISERERE: UNA OBRA RESTRINGIDA

El Miserere es la obra más famosa de Allegri y prácticamente la única que permanece en repertorio. Fue un encargo del Papa Urbano VIII para los maitines de Miércoles y Viernes Santo en la Capilla Sixtina, hacia 1638.

La disposición tradicional del Miserere es una serie de estrofas a las que se intercala, en monodía gregoriana, una secuencia. En el caso que nos ocupa, está pensado para dos coros de cuatro y cinco voces respectivamente. Uno de los coros expone el tema de forma sobria y el otro realiza una contestación más elaborada. Las interpretaciones historicistas emplean una voz por parte, lo que favorece la transparencia y hace que se escuche todo. Como comprobaremos con su escucha, el papel que tiene la soprano del segundo coro es de gran dificultad, con un agudo estratosférico que se va diluyendo como reverberación en un gran templo.

La grabación escogida es una de las indiscutiblemente referenciales, entre las varias que tiene el grupo The Thallis Scholars, especializado en polifonía del Renacimiento y, para quien escribe, la máxima referencia en estos repertorios. Fundado en 1973 y bajo la dirección de Peter Philips, esta formación británica pretendía recuperar la polifonía renacentista desde una óptica historicista, recuperando la sonoridad que cualquier persona, entienda o no de música, asocia enseguida a este periodo. El grupo se ha ido renovando con los años, pero ha sabido mantener su elevadísimo nivel, tanto en concierto como en su amplia discografía, que supera los 50 discos.




En concreto, hemos optado por el registro del concierto que conmemoró el 400 Aniversario de Palestrina en 1994, realizado en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, donde fue Maestro de Capilla. La realización en vídeo es espectacular, no solamente porque la cámara va tomando planos de unas y otras secciones del coro según van surgiendo sus intervenciones, sino porque además podemos disfrutar de los detalles del templo. La colocación de los miembros, aprovechando la acústica, contribuye a su nitidez.


Urbano VIII.
Y mientras vamos escuchando, vamos a hablar de la curiosa historia que ha tenido esta obra. El Papa Urbano VIII la reservó para la Capilla Sixtina, donde hasta hoy se sigue interpretando en ceremonias solemnes, prohibiendo su transcripción e interpretación fuera de este recinto bajo la pena de excomunión. Lo que hoy sería una rígida normativa de propiedad intelectual, tiene la curiosidad de que Urbano VIII, nacido Maffeo Barberini, se educó con su tío, Protonotario apostólico, se doctoró en leyes en la Universidad de Pisa y alcanzó posteriormente el puesto de su tío. Cuando fue elegido Papa, tomó diversas medidas relacionadas con lo que hoy llamaríamos jurídico, no sólo en relación al Miserere de Allegri: prohibió que en las representaciones artísticas apariceran aureolas sobre personas no beatificadas ni canonizadas y endureció la postura de la Iglesia Católica acerca de la exclavitud. Claro que también tuvo otras medidas discutidas, como nombrar en diversos cargos a sus sobrinos. A su hermano lo nombró Gran Penitenciario (los Penitenciarios son los que tienen atribuida la potestad de levantar la excomunión), éste en concreto con respecto a las causas reservadas a la Santa Sede, entre las que se encontraba la transcripción e interpretación del Miserere. Esta política dio lugar a que se hiciera famosa en la Roma de la época una simpática rima:


Quod non fecerunt barbari, fecereunt Barberini
Lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini

Probablemente la frase venga más referida a la modernización de la ciudad, encargada a Bernini, en detrimiento de la conservación de las ruinas de la Roma Antigua.

Pocas décadas después de su composición, el Emperador Leopoldo I de Austria solicitó a Roma una copia de la obra, siéndole autorizada (ésta se conserva, hasta hoy, en la Biblioteca Imperial de Viena). Cuando la copia llegó a Viena y se hizo ejecutar, el Emperador notó algo distinto, como si la música no fuera la misma, por lo que se quejó a Roma. Dado que lo más probable era que el Maestro de Capilla hubiese enviado una falsa copia, quizás con el propósito de así seguir reservando la obra, el Papa lo despidió. No obstante, el Maestro se trasladó a Viena y demostró que su copia era fidedigna: allí, explicó las técnicas de ejecución y de improvisación empleadas por el Coro de la Capilla Papal, que provocaban que, tan importante era la partitura, como la lectura e interpretación que de la misma se realizaba. El Maestro fue readmitido.

A mediados del siglo XVIII, el Padre Giovanni Battista Martini consiguió autorización para tener una copia. Y pocos años después, en 1769, Mozart, acompañado de su padre Leopoldo, llegaron al Vaticano, en una de las giras del joven talento, que por aquél entonces contaba con doce años. Ambos asistieron, en la madrugada del Miércoles Santo, a los matines en la Capilla Sixtina, donde se interpretó la hermética obra. Después de la celebración, ya en su alojamiento, Mozart transcribió la obra al papel de memoria, con sólo haberla escuchado una sola vez. Nótese  la dificultad de la polifonía para conseguir transcribirla con una sola lectura y pasado un rato desde que ha sido escuchada. Como la obra volvía a interpretarse el Viernes Santo, acudieron de nuevo, con el manuscrito oculto en el sombrero, para realizar algunas correcciones.

Este hecho, que bien podría ser leyenda alimentada por el Romanticismo, goza de sólida autenticidad, como podemos comprobar con lo que sobrevino después: Leopold escribió días después a su mujer a Salzburgo, contándole:

 ¡Tenemos el Miserere! Wolfgang lo ha transcrito
y te lo enviaríamos a Salzburgo junto a esta carta
si no fuera necesario que estuviéramos nosotros
allí para interpretarlo. Porque la manera de cantarlo
contribuye, en mayor medida aún que la propia
composición, al efecto que produce en el auditorio.

Mozart en Bolonia, retrato anónimo 
de 1777 que muestra al compositor
con la insignia de la Orden.

Padre e hijo continuaron la gira por Europa y un día se encontraron con el historiador Charles Burney, a quien dieron una copia de la partitura para que la publicara en Londres (el Reino Unido era ya anglicano, con lo que quedaba fuera de la ira papal). El Papa Clemente XIV se enteró del suceso y llamó a Mozart a Roma, no para excomulgarlo, sino para hacerle Caballero de la Orden de la Espuela de Oro, impresionado por el prodigio. La patente de concesión, el 4 de julio de 1770,  decía lo siguiente:


Puesto que conviene la caridad del Pontífice romano
y de la Santa Sede con aquellos quienes han mostrado
sus grandes signos de fe y devoción y son agraciados
con los méritos de probidad y virtud, deberían ser
condecorados con los honores y favores del
Pontífice romano y la citada Sede.

Clemente XIV.

La obra quedó de libre interpretación, y Burney editó la obra en Londres en 1771.

¿Y qué estudios tenía Clemente XIV? Pues parece que aquí también hay cierta relación. Nacido Giovanni Vincenzo Antonio Gangarelli, era un fraile franciscano doctorado en Teología por la Universidad de Roma y quien renunció en dos ocasiones a dirigir la Orden. Fue poeta y músico.

ANÉCDOTAS

EL MISERERE DE ALLEGRI EN SEMANA SANTA

La obra se ha popularizado en los repertorios de Semana Santa. Por ejemplo, puede ser escuchada en la Semana Santa de Valladolid en el Santo Entierro de Cristo, en la tarde del Sábado Santo, un acto muy sencillo pero sobrecogedor, en el que la obra de Allegri encaja perfectamente con el Cristo Yacente de Gregorio Fernández. A partir del 4:40 puede escucharse el inicio de la obra, en el momento en que la imagen sale al exterior, produciéndose un silencio sepulcral:


INAUGURANDO LA RESTAURACIÓN DE LOS FRESCOS DE LA CAPILLA SIXTINA

En abril de 1994 finalizaba la restauración de los frescos de la Capilla Sixtina, ofreciéndose un concierto a cargo de The Thallis Scholars, con un repertorio en el que no pudo faltar el Miserere de Allegri.
 

domingo, 19 de octubre de 2014

Concierto para violín nº 3 "Estrasburgo" de Mozart

Mozart, niño prodigio y prolífico compositor, se desempeñó en su infancia y juventud como un talentoso violinista. Su Concierto para violín nº 3, en sol mayor, "Estrasburgo", es su obra para violín más conocida dentro de una serie de cinco conciertos compuestos en Salzburgo en 1775. Su melodía pegadiza se combina con un elegante acompañamiento orquestal para ofrecer una obra luminosa.

Palacio de la Residencia (Salzburgo), detalle del techo.
FICHA TÉCNICA

Obra: Concierto para violín nº 3 en sol mayor "Estrasburgo", K. 216
Autor: Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756 - Viena, 1791).
Año de composición: 1775.
Estreno: Salzburgo, 12 de septiembre de 1775, ¿W. A. Mozart o Antonio Brunetti? (violín), Orquesta Arzobispal.
Duración: 25 minutos, aprox.
Discografía propuesta: Anne Sophie Mutter (violín), Orquesta de Cámara de Salzburgo. Grabación realizada en directo en 2006 en el Mozarteum (Deustche Grammophon).

MOZART Y EL VIOLÍN

Portada del Tratado de violín
de Leopold Mozart.
Ya desde sus giras infantiles, Mozart demostró ser un talentoso violinista. No en vano, su padre Leopold, violinista y vice-Kapellmeister de la Orquesta Arzobispal de Salzburgo, era en su tiempo un pedagogo prestigioso de este instrumento, llegando a publicar, el mismo año en que nacio su hijo, un Tratado completo sobre la técnica del violín que tuvo resonancia hasta bien entrado el siglo XIX.
Ahora bien, parece que Mozart, una vez asentado en Viena a partir de 1781, mantuvo una relación de rechazo hacia este instrumento, pues sólo compuso algunas obras para violín y piano por encargo. Si tenía que tocar en un cuarteto, escogía la parte de viola y no la de violín. Probablemente le recordaba a su periodo de juventud en Salzburgo, periodo que el compositor detestó abiertamente tras su marcha a Viena. ¿Por qué este sentimiento? ¿Cómo fue el periodo musical de Salzburgo para que el compositor lo detestase? Trataremos de explicarlo a través de una obra típica, como es el Concierto nº 3, pero primero, para centrarnos, haremos un esquema de la obra para violín de Mozart:
  • Un Concertone para dos violines y orquesta, obra cercana al divertimento respecto a la cual no poseemos pruebas físicas de autenticidad, aunque sí referencias en la correspondencia entre padre e hijo. Se data entre 1773 y 1774, barajándose como fecha límite el 31 de mayo. Muy raramente interpretado.
  • Cinco conciertos para violín y orquesta, compuestos a lo largo del año 1775 (19 años, nada más y nada menos, tenía Mozart).
  • Tres conciertos que el Mozarteum de Salzburgo (institución que vela por el legado del compositor) ha considerado apócrifos. Quiénes estuvieron detrás de los mismos y qué pretendían demostrar quizás lo hablaremos otro día si hay curiosidad por el tema.
  • La Sinfonía concertante para violín y viola, género a medio camino entre el concierto y la sinfonía con el que se hicieron algunos intentos en la época y que después cayó en desuso. Datado en agosto o septiembre de 1779, siempre ha tenido una gran fama.
  • Más de treinta sonatas para violín y piano, unas compuestas en Salzburgo, otras durante las giras, otras en Viena y otro porcentaje consideradas apócrifas. En Viena sólo compuso seis por encargo y una séptima con fines didácticos, una sonatina.
  • Dos dúos para violín y viola. Mozart, ya asentado en Viena y casado, visitó Salzburgo con su mujer Constanza en el verano de 1783. El compositor Michael Haydn (hermano del más famoso Joseph Haydn) enfermó y no podía concluir un encargo de seis dúos, componiendo Mozart dos que faltaban. Hoy en día son una curiosidad.
  • Dos cuadernos de variaciones para violín y piano, obras pedagógicas escritas nada más llegar a Viena. El primero se sabe que fue escrito para la condesa Rosa Thiennes de Rumbeke.
Los cinco conciertos compuestos en Salzburgo en 1775 representan una rápida evolución de la forma de abordar este género en apenas unos meses, aunque todos comparten en común sus pegadizas melodías y la elegancia de una orquesta que, formada por cuerdas, dos oboes (que en el movimiento lento se sustituyen por dos flautas) y dos trompas, construyen una textura liviana que se eleva como los muros de una catedral gótica. La parte solista no afronta dificultades técnicas extremas en estos conciertos, pero debe tener una elegancia sensible a la hora de frasear a la que muchos temen más aún que a la técnica. El nº 3, estrenado en septiembre, supone un paso importante, con ideas propias frente a las influencias italiana y francesa que dominan los dos anteriores. Pero ubiquemos la obra y a su autor...

EL SALZBURGO DE MOZART


El Palacio de la Residencia, sede del Arzobispado.
El Salzburgo de Mozart es el de un Principado eclesiástico inmerso en el enorme Sacro Imperio Romano Germánico, conglomerado de Estados que ya llegaba a sus últimas décadas. Todos ellos gozaban de autonomía y de sus propios procedimientos de elección de sus gobernantes. El Emperador era elegido por los Electores, aquellos dirigentes que tenían derecho de voto, y en no pocas ocasiones dio lugar a verdaderas batallas en el sentido literal del término.

En concreto, Salzburgo era un Obispado desde el 739 y un Arzobispado desde el 798, regido por un Príncipe-Arzobispo elegido por el Cabildo de la Catedral. No tenía la consideración de Elector, por lo que gozaba, aún más, de autonomía respecto a posibles decisiones del Imperio. Además, el cargo de Arzbobispo de Salzburgo estaba asociado (y lo sigue estando) al cargo de Legado Permanente, uno de los rangos de la carrera diplomática eclesiástica (el más alto es el de Nuncio, equivalente a Embajador), con lo que su titular usaba un atuendo de un color rojo muy similar al de los Cardenales (algo más oscuro), y no el morado de Obispos y Arzobispos.

El territorio del Salzburgo de la época coincidía sustancialmente con el actual estado federal del mismo nombre, integrado en Austria. Así que comencemos a escuchar el primer movimiento del Concierto nº 3 mientras volamos con la imaginación a ese Salzburgo del siglo XVIII.

 

La etapa de Mozart en Salzburgo coincide con el mandato de dos Arzobispos. Cuando nació, en 1756, su padre estaba a las órdenes de Segismundo de Schrattenbach, hombre de carácter afable ubicado en los modelos del Barroco no sólo en lo musical sino en el gobierno. Con él, Leopold Mozart llegó a ser vice-Kapellmeister de la Orquesta Arzobispal (lo que hoy entenderíamos por un director asistente). Coincidió con la niñez de Wolfgang y esos primeros viajes promocionales que su padre organizó por media Europa. El Arzobispo tenía gran afecto a Leopold y reconocía el talento del niño, nombrándole Koncertmaster de la orquesta (primer violín) siendo tan solo un adolescente.

Retrato oficial de Colloredo, por F. X. König, 
Museo de Salzburgo.
El hábito coral se destina a los
eventos de mayor protocolo, y como
otros atuendos idiosincráticos, como
los trajes académicos universitarios,
las togas o las túnicas de los miembros
de determinados órganos del Estado,
pervive hasta hoy. Sin embargo, la capa
magna, por razones prácticas, ha quedado.
prácticamente en desuso.
El 16 de diciembre de 1771, poco después de haber regresado padre e hijo de un viaje por Italia, fallece Schrattenbach. La sucesión tiene división de opiniones y, tras tres meses, el elegido es Jerónimo de Colloredo y Mannsfeld (1732-1812), no sin polémica. Colloredo es el Obispo de Gurk. Tiene cuarenta años, por lo que es considerado un hombre relativamente joven para Salzburgo, destino que representa una cima en la carrera eclesiástica y política. No es de la alta aristocracia, pero tampoco representó en su adolescencia el perfil de joven humilde metido al seminario que consigue ascender a base de trabajo y esfuerzo. La confianza granjeada con la familia Habsburgo parece que influyó en la decisión, pero también en la reticencia, pues los salzburgueses no veían con buenos ojos esas influencias externas. Tras encomendarle a Wolfgang la composición de una ópera para su toma de posesión (El sueño de Escipión, estrenada el 27 de abril de 1772), comienza su mandato.

Colloredo encarna el ideal del despotismo ilustrado. Es un hombre de despacho: modernización de la ciudad, alumbrado en las calles, renovación de las instituciones, creación de centros docentes y de enseñanza... En su despacho cuelgan los retratos de Voltaire y Rousseau y él mismo es violinista. El problema son los medios, especialmente en lo artístico. Por lo pronto, ya ve con malos ojos la nueva gira de los Mozart con destino a Milán, pero estando ya pactada desde meses atrás, tiene que autorizarla. Marchan en octubtre y no regresarán hasta marzo del año siguiente, y en ese 1773, una serie de músicos de influencia italiana comienzan a ocupar los principales puestos. El Kapellmeister Giuseppe Maria Lolli, debido a su edad, no ejerce su actividad como tal, por lo que Leopold piensa que puede conseguir el puesto. No obstante, Colloredo confirma en su cargo a Lolli, mientras que nombra a Domenico Fischietti como un segundo Kapellmeister. Ahora Leopold tiene a dos, y no sólo a uno, por encima de él. Wolfgang conserva el puesto de primer violinista, por el momento.

Respecto a la orquesta, autores de la época mantienen que su nivel se mantuvo alto, incluso ampliando el número de miembros, pero ciertamente no podía competir con la de otra Corte, Mannheim, y eso es algo que Wolfgang decía abiertamente.

 

Visto el panorama, Leopold inicia una serie de movimientos estratégicos, yendo a buscar ofertas a lo que hoy llamaríamos "la competencia". Aprovechando las vacaciones de verano y que Colloredo está ausente, acuden a Viena. Aunque la Emperatriz María Teresa, mujer también de ideal ilustrado, les recibe, todo queda en buenas promesas, llegando a escribir después que poco se fiaba de un padre y un hijo que recorrían media Europa buscando oportunidades. En enero de 1774 quedará vacante el puesto de Maestro de Capilla de la Catedral de Viena y el elegido será Giuseppe Bono, otro italiano, con lo que las esperanzas de conseguir algún puesto allí se desvanecen.



Las dos casa de Mozart en Salzburgo. Arriba, la que le
vio nacer, en el tercer piso de un edificio de la zona del
Altstadt. Debajo, la casa a la que los Mozart se
mudaron en 1773, en la Hannibalplatz (hoy Plaza del
Mercado), en su momento la ampliación burguesa
de la ciudad. Ambas son visitables. La primera tiene
un aspecto más de curiosidad, la segunda tiene
importantes fondos artísticos.
En el otoño, Colloredo sigue con sus gestiones. La música religiosa, que tanto volumen de trabajo da a Wolfgang, se ve radicalmente simplificada de acuerdo a las nuevas prescripciones litúrgicas: oficios religiosos sencillos, con piezas musicales sencillas y cantadas en alemán, permitiendo participar al pueblo en la celebración. Se suprimen los textos cantados que coincidan con fórmulas que el sacerdote ha pronunciado, por considerarse innecesarios, la contraposición solista-coro es también vista como absurda... Mientras algunos compositores del momento, hoy olvidados, se adaptaron a las nuevas formas, autores como Mozart o Haydn no las aceptaron. Mozart sólo compuso dos himnos en alemán y el resto de su producción religiosa está en latín. No debemos olvidar que el Imperio era católico a excepción de la mayoría de Estados alemanes y que los protestantes abogaron siempre por adaptar las ceremonias a la lengua vernácula, con lo que la oposición de estos compositores debe verse a medio camino entre la defensa del latín dada su elegancia y la adhesión a lo que era habitual en la Iglesia Católica del momento.

La ciudad contaba con dos teatros, pero uno era de la Corte y otro de la Universidad, sendos círculos de poder que no permitían liberalizar el género. Por ello, cuando a finales de 1774, Wolfgang recibe la oferta del Elector Maximiliano de Baviera de componer una ópera para principios del año siguiente, acepta encantado. La obra será La jardinera fingida, obra cómica de tema amoroso. Padre e hijo marchan a Munich a primeros de diciembre, donde todo son facilidades. El conde Seeau, intendente de música y espectáculos es un hombre diligente, y la compañía del teatro muestra gran profesionalidad, hecho éste que no oculta Mozart, quien en su correspondencia arremete contra los modos y formas de los que organizan en Salzburgo.  Se van sucediendo los primeros ensayos hasta el estreno el 13 de enero, y la obra resulta un éxito.

1775: EL AÑO DE LOS CONCIERTOS 

Violín que la tradición identifica con el de
Mozart. Casa natal del compositor.
Finalizadas las representaciones a principios de marzo, el regreso a Salzburgo es visto con acritud por los Mozart. Entre el control de los teatros y las limitaciones de la música eclesiástica, Wolfgang tiene que centrarse en componer para nobles y géneros menores para veladas musicales, bien de la Corte, bien para fiestas particulares. Entre estos encargos destacan los de los Lodron, prestigiosa familia que tenía en su haber a uno de los Arzobispos más importante de Salzburgo, Paris Lodron, en la época de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Fundador de la Universidad, probablemente sea el personaje más recordado en la ciudad. Sus edificios, obras públicas, calles y placas, ocupan gran parte de la ciudad (pensemos que Mozart no era ni arquitecto ni dirigente).

Entre las obras para la Orquesta Arzobispal se encuentran los cinco conciertos para violín, que traerían una nueva polémica entre los Mozart y Colloredo. Dadas las circunstancias, no confraternizaban con los músicos de la ciudad, salvo con Michael Haydn, el Maestro de Capilla, también pertenciente a una famlia de músicos. Por ello, la vida social de la familia se organizaba en torno a fiestas domésticas con altos funcionarios, médicos y comerciantes. La imagen que tenían de los músicos era mala, vistos como toscos y aprovechados, y para muestra, una carta de Wolfgang:

Es una de mis razones principales para detestar a Salzburgo:
aquellos toscos, desaliñados y disolutos músicos de la corte.
Porque ningún hombre de buena educación puede vivir
con ellos. Desde luego, en lugar de querer tratarlos sentiría
vergüenza de ellos. Probablemente esa es la razón por la
que los músicos no sin ni estimados ni respetados entre
nosotros. ¡Ojalá que la orquesta fuera organizada como la
de Mannheim...! Allí se hace todo con seriedad. Son muy
educados, se visten bien, y no entran en las tabernas para
emborracharse. 

Y entre éstos, apareció un violinista, Antonio Brunetti, otro italiano. No podemos conocer cuales fueron las credenciales, pero poco a poco fue acaparando el favor del Arzobispo. Hasta el punto de que hoy no podemos saber quién fue el solista en estos conciertos, si Wolfgang o él. Mozart sabía muy bien el tipo de vida que llevaba Brunetti: era jugador y vivía con la hija del organista de la Catedral, con quien tuvo una hija ilegítima, lo cual le molestaba aún más.

Desde luego, lo que es indiscutible es la genialidad de Mozart para esculpir filigranas en plata en el segundo movimiento del Concierto nº 3, una de las cimas de toda su obra. Escuhémoslo:

Comenzado el otoño, Colloredo anuncia que cierra el Teatro de la Corte por razones presupuestarias y anuncia la apertura de un nuevo teatro cera del Palacio Mirabell. Lo que Wolfgang ve como una oportunidad, al fin, de poder componer en su ciudad para el género teatral, pronto se desvanece. La gestión del teatro es adjudicada directamente a un empresario teatral. No obstante, participarán algunas compañías ambulantes, y una de ellas, al año siguiente, encarga a Mozart una música de escena para la obra Thamos, Rey de Egipto que tiene gran éxito, tanto que, tres años después, la misma compañía vuelve a Salzburgo con la obra (y la música de Mozart).

En contrapartida, una mala noticia: Antonio Brunetti pasa a ser ese año Koncertmaster.

¿Y CÓMO TERMINA LA RELACIÓN DE MOZART CON SALZBURGO?
 
Palacio Mirabell
Palacio Mirabell (al fondo, la Catedral y la fortaleza).
Construido por el Arzobispo Wolf Dietrich en 1606 para una
amante, Salome Alt. 
Seis años después, Dietrich es arrestado  y condenado 
por diversas conductas reprobables.
El Palacio pasa a convertirse en el lugar oficial de recepciones. 
Actualmente, además de poderse visitar, en él se
celebran eventos oficiales  y se alquila para eventos privados.

El periodo de Mozart en Salzburgo fue el más fecundo de toda su carrera, con un ritmo de trabajo apabullante. Muchas de las obras de este periodo se escuchan habitualmente en las salas de conciertos, por lo que ya habrá tiempo de contar más anécdotas. Resumiremos los acontecimientos en que desde aquí la relación con Colloredo fue aún más fría. En septiembre de 1777, Mozart emprende una gira a París y su padre no puede acompañarle por no dispensarle Colloredo de sus obligaciones. Irá con su madre, María Ana, que desde luego era una eficiente gestora pero no músico.

En diciembre, fallece el organista de la Catedral, Adlgasser. Sin que haya movimiento para elegir a quien ha de sustituirle. En agosto de 1778 fallece el Kapellmeister Lolli. Leopold ve una suerte no haber marchado de Salzburgo y envía una carta al Arzobispo: lleva treinta y ocho años al servicio de la Corte arzobispal, desde 1763 como vice-Kapellmeister. También escribe a Wolfgang insinuándole que solicite el puesto de organista. Como no existe previsión inmediata de relevo para Lolli, Leopold consigue hacerse con la dirección interina, ya que es el músico más antiguo. En cuanto a Wolfgang, Colloredo le nombra organista en 1779, pero de poco servirá. Los ánimos no se calman, y cuando José II es coronado Emperador en Viena en 1780 (en este caso el elegido era hijo de la anterior Emperatriz, María Teresa), Mozart aprovechará para marchar e intentar establecerse allí como lo que hoy llamaríamos un profesional liberal.

¿TAN MALO FUE EL PERIODO DE SALZBURGO?

Desde luego la época de Salzburgo no fue para nada una mala época desde el punto de vista compositivo, pues muchas obras de este periodo se encuentran en la primera línea interpretativa: algunos conciertos y sinfonías, divertimentos y serenatas... Colloredo encomendó a Mozart obras de circunstancias que han demostrado tener una gran calidad, y confió en él para importantes eventos: desde su toma de posesión con la ópera El sueño de Escipión, la visita del hijo menor de la Emperatriz María Teresa, Maximiliano, con su ópera El rey pastor o una Coronación Canónica con la famosa Misa de la Coronación. Otras tres obras religiosas estrenadas en Salzburgo gozan de gran fama: las dos Vísperas solemnes y la Gran Misa en do menor (ésta estrenada en la ciudad cuando ya residía en Viena).

No obstante, el trato personal fue frío y distante, más como un criado que como un profesional. El grupo de músicos seleccionados por Colloredo para estar en la primera fila eran solventes, pero visto a día de hoy no se les puede comparar con el genio musical de Mozart (ni probablemente con el de su padre Leopold), con mayor o menor fortuna. Michael Haydn sí estaba en cambio a la altura de Leopold, y probablemente parte del desencanto de los Mozart viniera motivado por lo que Michael contaba de las noticias que recibía de su hermano Joseph: él estaba al servicio de la Corte de los Esterházy de Galanta (actual Hungría), quienes no sólo le permitieron gran autonomía artística, sino también le promocionaron por Europa (eran los primeros en dejar que el músico viajara). En cambio, Colloredo prefería guardar la actividad de puertas para dentro lo más posible.

- Bueno, pero ¿por qué el Concierto se llama "Estrasburgo"?

Llegado a este punto, queda por contar el porqué del título de la obra. Para ello, comencemos a escuchar el último movimiento del Concierto. En la mayoría de los casos, las sinfonías y conciertos con sobretítulo no les es dado por el propio compositor, sino por la opinión del momento o los musicólogos que estudian las obras, a veces muchas décadas después de la muerte del compositor. En algunos casos incluso se debe a acontecimientos del siglo XX.

El sobrenombre "Estrasburgo" viene de una carta de 1777 en la que Wolfgang le cuenta a su padre cómo un tema del tercer movimiento de "su" concierto para violín está tomado de una melodía popular que había escuchado en Estrasburgo. Los expertos han acotado el terreno y han determinado que bien podría referirse al tercer concierto o al cuarto. Si bien en décadas anteriores se era más proclive a calificar así al nº 4, que guarda más conexión con el modelo francés, más recientemente y en la práctica, se suele denominar así al nº 3.
Este tercer movimiento deja entrevar varios motivos secundarios aquí y allá, dentro de su forma de Rondó. El motivo de Estrasburgo bien podría ser el que comienza en el 3:21 en la grabación propuesta y que poco después va desapariendo para volver al primer tema del movimiento. El final parece casi una broma, con su final abrupto.

- ¿Y cómo terminó Colloredo? 

Del Salzburgo Arzobispado a su integración en Austria.
Pues con Colloredo se acaba una era en Salzburgo y, casi a la par, en Centroeuropa. Ese modelo de autonomía cuasifeudal, a pesar de las soluciones intermedias que representaban el despotismo ilustrado, estaba avocado a desaparecer. El Estado y otras tantas instituciones requerían soluciones de base, que llegaron con los modernos Estados decimonónicos.

En 1802, Colloredo, cumplidos setenta años, renuncia a su cargo y vuelve a su Viena natal. El Sacro Imperio empezaba a dar síntomas de decadencia y los Electores andaban buscando formas de integración y centralización, suprimiendo pequeños feudos seculares y principados eclesiásticos. A partir de 1795 se inicia la mediatización y secularización, respectivamente. Como moneda de cambio y dado el vacío existente en Salzburgo, entró en el poder Fernando III de Toscana con estatus de Elector. Poco duró este régimen, pues dos años más tarde se disuelve el Sacro Imperio y Salzburgo queda integrado en el nuevo Imperio austríaco.

ANÉCDOTAS

TOMASELLI
Este café, sito en el Altstadt de Salzburgo (no indicaremos la dirección para no dar publicidad), lleva en el mismo sitio desde 1705. Allí iba Mozart a tomarse un helado con regularidad. Por mucho genio que fuese, el niño, el adolescente y el joven Mozart tenía gustos no tan artísticos (aunque un poco burgueses, no lo vamos a negar).