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domingo, 3 de abril de 2016

Dúo para violín y viola en sol mayor de Mozart

La arquitectura de una obra de Mozart se asemeja a la de una catedral gótica: finos muros sostienen perfectamente un edificio de bellas proporciones y equilibrio que parece estar condenado al derrumbe si alguna de sus notas se desplaza. Si Mozart se ha distinguido de sus coetáneos por la estilización de las filigranas sonoras, esto se hace aún más patente en las obras de pequeño formato, incluso cuando el violín y la viola bastan para formar una obra.

Vista de la ciudad antigua de Salzburgo.
FICHA TÉCNICA

Obra: Dúo para violín y viola nº 1, en sol mayor, K. 423. 
Autor: Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756 - Viena, 1791).
Año de composición: 1783.
Estreno: Se desconce. Se publicó postumamente en 1792 junto con otro dúo similar.
Duración: 15 minutos, aprox.
Discografía recomendada: Arthur Grumiaux, violín y Arrigo Pelliccia, viola (DECCA).



MARCHÁNDOSE DE SALZBURGO

Hablando del Dúo para violín y viola en sol mayor regresaremos a Salzburgo en un doble sentido. En primer lugar, porque ya hablamos de Mozart, Salzburgo y el violín a  raíz de su Concierto nº 3; en segundo, porque si al final de aquella entrada nuestro compositor marchaba a Viena, con este dúo le tenemos de nuevo en su ciudad natal.


Este retrato es el que más habitualmente se
asocia al Mozart juvenil. Realmente es una
obra realizada en 1819 por la pintora checa
Barbara Krafft, asentada en la Corte de Viena.
En aquella ocasión ya explicamos cómo era Salzburgo y en qué situación política, social y cultural se encontraba en la época de Mozart, cuando gobernaba el Príncipe-Arzobispo Jerónimo de Colloredo. También indicamos que sus cinco conciertos para violín (1775), compuestos cuando nuestro compositor contaba con diecinueve años, fueron obras destinadas al ambiente cortés del Arzobispo. Mozart consideraba que mantenía una relación servil que poco o nada le permitiría avanzar como compositor y puso fin a su estancia en la ciudad en marzo de 1781, trasladándose a Viena.

Lo que inicialmente era visto exteriormente como una colaboración puntual en la corte vienesa (fue llamado por José II, recién coronado, tras el éxito cosechado con su ópera Idomeneo, rey de Creta), se fue prolongando hasta que Colloredo lo llamó de vuelta en mayo. La relación fue tensándose, con un Mozart muy seguro de sí mismo (¿Su Gracia no está conforme conmigo?, llegó a replicarle) que acabó expulsado del despacho del Arzobispo y terminó con una suerte de renuncia por parte del músico y con su padre, Leopold, preocupado por las consecuencias.

Así las cosas, en Viena se le abrieron muchas puertas, tanto de intérprete como de compositor. Alojado en casa de una viuda, María Cecilia Weber, se enamoraría de su hija Constanza y nuestro compositor pronto querría contraer matrimonio pese a las reticencias de su padre sobre la idoneidad de la consorte. El enlace tuvo lugar el 4 de julio de 1782 a las espaldas de éste, quien sin embargo tuvo el talante suficiente para agradecer por carta a la baronesa Waldstädten el que se hubiera ocupado de la organización de la fiesta, no sin recriminar a su hijo:


Es una persona difícil de convencer, unas veces demasiado transigente
y otras demasiado soberbio. Una divergencia de opiniones que le 
convierte en un hombre indeciso. Es temario e impaciente,
incapaz de esperar, y no conoce el punto medio de las
cosas, sino que abraza siempre los extremos.

REGRESO A SALZBURGO

Constanza, en un retrato 
de Hans Hansen (1802).
Si observamos detenidamente, 
vemos como sostiene el
manuscrito con las obras de su marido.
Probablemente sea un regalo del que
después sería su segundo marido,
el diplomático Georg Nikolaus von Nissen.
Asentados Constanza y Mozart en Viena y calmados los ánimos de su padre, la cortesía exigía una visita a éste y a su hermana Nannerl. Sin embargo, nuestro compositor fue dilatando la ocasión, aduciendo unas veces la reposición de su ópera El rapto del serrallo y otras el no abandonar las clases de sus alumnos. No parece que su padre se ofendiera en demasía, pues a Salzburgo llegaban las noticias de los éxitos de su hijo, lo que le bastaba para disculparle.

No será hasta el verano de 1783 cuando la pareja llegue a la ciudad bañada por el Salzach, concretamente un 30 de julio. Allí le esperaba un padre encantado por la carrera de su hijo, a quien sin embargo parece que le aconsejaba conseguir un puesto oficial en la Corte, más estable que el régimen de profesional liberal que se había fraguado. Nuestro compositor inicialmente acudió a su ciudad natal temeroso, pues formalmente era un criado huido, al no haber firmado nunca Colloredo carta alguna de despido. Sin embargo, parece que el Arzobispo daba por zanjado este tema.

Mozart llevaba una misa cuya composición estaba muy avanzada y que tenía por objeto celebrar su matrimonio (de hecho, la soprano solista sería Constanza). Esta misa, la Gran misa en do menor, es la mejor obra sacra del compositor para quien estas líneas escribe, lo que demostraría que si era bueno cuando trabaja por encargo, era aún mejor cuando lo hacía para provecho propio o incluso sin proponérselo, como veremos con el dúo para violín y viola.

La Gran misa merece un capítulo aparte. Pero es que entre lo grande muchas veces se cuela lo pequeño, tan bello e interesante como las obras de grandes proporciones. Y así fue en este caso.

UNOS DÚOS PARA VIOLÍN Y VIOLA

Retrato de Michael Haydn,
atribuido a Franz Xaver Hörnock
La estancia de la pareja en Salzburgo se prolongaría por tres meses. Allí nuestro compositor tuvo oportunidad de retomar el contacto con alguna de sus amistades, entre ellas, Michael Haydn, hermano menor de Joseph Haydn. La relación con los Haydn siempre fue excelente. El hermano pequeño, Michael, era Maestro de Capilla y uno de los pocos músicos con los que la familia mantenía verdadera relación de amistad. Hemos de decir que los Mozart habían organizado su vida doméstica en la ciudad en torno a los altos funcionarios, médicos y comerciantes y no entre los artistas, a quienes Wolfgang detestaba por su modo de vida y sus maneras, alejadas del ambiente acomodado del que era tan asiduo.

Durante el verano, Michael debía escribir para el Arzobispo seis dúos para violín y viola. Desconocemos el destino de los mismos. Colloredo era aficionado a la filosofía y a las artes, tocaba el violín y en su despacho había sendos retratos de Voltaire y Rousseau, pero parece improbable que estos dúos estuvieran destinados para interpretación personal, habida cuenta de que tienen cierto aire virtuoso y van más allá de la simple obra para aficionado. El pequeño de los Haydn compuso cuatro de ellos, pero enfermó. El Arzobispo reclamó el encargo a la mayor brevedad, so pena de bloquear el sueldo del músico. No se sabe exactamente de quién partió la idea de que Mozart concluyera el trabajo, pero es probable que fuera él mismo, dado su carácter decidido y desprendido, quien en periodo estival y fuera de Viena, es de prever que tuviera escasas ocupaciones y estuviera deseoso de dar cauce a su genio creativo.

Michael y Wolfgang, pese a la evidente diferencia de edad (cuarenta y seis años el primero y veintisiete el segundo) mantenían un mutuo respeto y hasta admiración por su trabajo y el segundo no tuvo inconveniente alguno en terminar el encargo con sendos dúos, hoy incluidos en su catálogo como K. 423 (el primero, en sol mayor) y K. 424 (el segundo, en si bemol mayor), pero que se hicieron pasar por obra del primero.

EL DÚO PARA VIOLÍN Y VIOLA Nº 1 EN SOL MAYOR


Portada de una edición de los dos dúos
de Mozart. Ya desde la primera edición
de 1792, la autoría de los mismos no fue
discutida.
Vamos a explicar qué tienen de características y por qué merecen ser tenidas en cuenta estos dos pequeñas obras, centrándonos en la primera. Hemos de indicar que los cuatro dúos que Michael había compuesto tenían las tonalidades de do, re, mi y fa. Mozart añadió uno en sol y prefirió la de si bemol para el último de ellos. La historia de los dos dúos intrusos llega por el relato de dos alumnos de Michael, quien identificaban sin género de dudas ambos como de Mozart. Como obra suya fueron publicados postumamente en 1792 por Artaria en Viena. Este relato nos indica que nuestro compositor, que visitaba al enfermo todos los días, tardó dos jornadas en regresar con sendas copias en limpio de dos dúos que Michael firmó como suyos.

La Morgan Library de Nueva York hace figurar en su catálogo que posee la partitura manuscrita de estos dúos y ofrece la posibilidad de comprarlo en facsímil. Es probable que esta copia en limpio, como se ha venido en llamar al manuscrito que Wolfgang entregó a Michael no sea autógrafa del primero o que deliberadamente oculte la caligrafía para evitar cualquier sospecha. El hecho es que Colloredo no se percató que en la composición habían intervenido manos distintas, ni siquiera auditivamente.

Comencemos a escuchar el dúo:



El comienzo ya ofrece una declaración de principios. No sabemos si Mozart adaptó su estilo para camuflar el engaño o directamente se tomara este trabajo no sólo con fines filantrópicos sino como burla a su antiguo señor. El caso es que el inicio ofrece claras pautas mozartianas en el acorde inicial, el mordente y la bajada del violín. Pero en conjunto ofrece diferencias evidentes con los de Haydn. Se ha dicho que el compositor, cuando abandonó Salzburgo, no compuso nada más para el violín a excepción de dos cuadernos de variaciones para violín y piano nada más llegar a Viena, de carácter pedagógico. Incluso, cuando debía hacer de intérprete en un cuarteto, escogía la viola. Ciertamente el violín le recordaba la desagradable etapa de Salzburgo, lo que provoca que la viola gane en el conjunto. Si los dúos de Haydn podría decirse que en realidad son para violín con acompañamiento de viola, Mozart logra un equilibrio perfecto de fuerzas sin reparar en los aspectos técnicos.


Primera página del dúo para violín y viola en sol mayor.

A nuestro compositor le avalaba la composición de cuartetos (el K. 387, en la misma tonalidad, ha sido calificado de influencia en este dúo) y, sobre todo, la Sinfonía concertante para violín y viola en mi bemol mayor, compuesta en 1779. El equilibrio de fuerzas es asombroso, dotando a ambos de momentos de protagonismo e incluso de enfrentamiento en tensión para diluir en agradables intervalos de tercera.

La estructura del primer movimiento es el de una forma sonata en la que, sin embargo, el desarrollo posee escasos compases comparados con la exposición y la reexposición. Quizás con ánimo de no hacer alardes de genialidad que pudieran dar la voz de alarma acerca de la autoría. Para desgracia de Haydn, la comparación es odiosa y, no sabemos si deliberadamente o por natural genialidad, Mozart supera claramente a su compañero.

Una escucha de este primer movimiento nos da claras muestras del lenguaje de Mozart, que con las mínimas texturas levanta el edificio armónico sin que exista vacío apreciable. Momentos que lo atestiguan: los mordentes iniciales que nos recuerdan al movimiento final de la Serenata K. 239; el cálido segundo tema (0:59) que concluye en bellas terceras; el motivo siguiente que recuerda fácilmente a la Sinfonía Concertante o el inicio del desarrollo (3:32) y la inspiradísima conclusión del pasaje (3:37). El 4:39, que enlaza con la reexposición, recuerda nuevamente al movimiento final de la Serenata K. 239.

El segundo movimiento es de una duración mucho más breve:



Escrito en do, Mozart resuelve con facilidad el problema del excesivo estatismo en los movimientos lentos. Para ello, concede una expresiva melodía lenta al violín mientras que atribuye el movimiento rítmico a la viola a base de arpegios y escalas en semicorcheas. La línea del violín se va ornamentando según avanza el movimiento. En momentos como el 1:28 o el 2:20 la melodía pasa a la viola, si bien el violín se mantiene en una tesitura aguda para permitir distinguir claramente el instrumento grave.



El tercer movimiento, un Rondó dilatado que retorna a la tonalidad de sol mayor, muestra de nuevo el equilibrio de fuerzas entre ambos instrumentos. Reminiscencias del tercer movimiento de la Sinfonía Concertante lo encontramos en los mordentes del violín (a partir de 0:29). 

El segundo tema está cargo de nobleza (0:53). Abierto por la viola en doble cuerda, si la obra fuera para orquesta, indudablemente lo asociamos a la trompa. La llamada es escuchada por el violín, quien contesta con alegría mientras la repite para fundirse en terceras en el 1:04.

Una tercera sección comienza en el 2:04 en forma de canon durante trece compases. Mozart juega con la tonalidad menor para dar contraste al movimiento sin resultar excesivamente dramático. 

El primer tema regresa en el 3:29 con ligero desarrollo. El segundo tema regresa en 4:25 con algún guiño meloso. La obra concluye con el primero en 5:08 y una coda.

Escuchada la obra sólo cabe concluir que Mozart, con poco o con mucho, sabía levantar una composición entera sin que echemos en falta nada. Dos instrumentos bastan. Más, es innecesario.

ANÉCDOTAS

UN INTERCAMBIO DE OBRAS

Haydn quedó tan agradecido por la ayuda que le prestó Mozart que le regaló una sinfonía. también en sol mayor con tres movimientos. La obra estuvo ultimada en el otoño de ese año y se la entregó cuando ambos se encontraban en Linz.

A ella le añadió nuestro compositor una introducción lenta, recopiando todo ello. Por eso, esta obra pasó durante más de un siglo por una supuesta sinfonía nº 37. En 1907, la revisión del catálogo del compositor determinó que esta obra era de Michael Haydn y que Mozart sólo había compuesto la introducción. La sinfonía tiene un estilo más anticuado y es probable que nuestro compositor hiciera la gracia de añadirle una introducción algo más innovadora.

¿UNA FÓRMULA CON ÉXITO?

Junto a estos dos dúos, existen otros doce para violín y viola de nuestro compositor. Aunque nos hayan llegado así gracias a algunas ediciones, no son tales. Estos dúos, con número de catálogo K. 487/496a, fueron compuestos en 1786 para dos trompas. El compositor realizó una transcripción para dos violines, pero la transcripción para violín y viola es un anónimo que nos ha llegado hasta nuestros días.

domingo, 28 de diciembre de 2014

El murciélago de Johann Strauss

Última semana del año, al que ponemos fin y a la vez recibimos el 2015 con la opereta El Murciélago de Johann Strauss, cuya obertura es habitual escucharse en el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. Obra desenfadada en el más puro estilo de comedia de enredo, nos ofrece los tópicos de la sociedad burguesa de mediados del siglo XIX.

Fiesta en la Corte de Francisco José
FICHA TÉCNICA

Obra: Die Fledermaus ("El murciélago").
Autor: Johann Strauss (Saint Ulrich, Imperio Austrohúngaro, 1825 - Viena, 1899).
Año de composición: 1874.
Estreno: El propio compositor en el Teatro an der Wien de Viena el 5 de abril de 1874.
Duración: 2 horas y media, aprox.
Discografía propuesta: Carlos Kleiber dirigiendo a la Orquesta y Coro de la Ópera Estatal de Baviera. Reparto: Hermann Prey (Gabriel), Julia Varady (Rosalinda), René Kollo (Alfred), Bend Weikl (Falke), 1975 (Deustche Grammophon).

DEL VALS A LA OPERETA


Estatua de Strauss en Viena.
Johann Strauss es conocido como el mayor compositor de valses y polkas en la Viena de mediados del siglo XIX. Conocido en los ambientes burgueses de la época, gozó de una enorme popularidad. Mientras tanto, en París, Jacques Offenbach desempeñaba un papel similar pero con la opereta, obras ligeras, de argumentos sarcásticos y desenfadas. Pero Viena era una ciudad de constumbres tradicionales y bastante seria. Y eso lo sabía muy bien Straus, quien no accedía a componer operetas, pues los valses, polkas y marches le daban enorme popularidad sin arriesgarse en otros géneros.

Con motivo de un baile organización por la Asociación de Prenda, se encargó a Strauss y Offenbach sendos valses. El del primero llevaba por título Diario de la mañana, mientras que el del segundo Diario de la noche. La obra de Strauss fue escuchada con respeto, pero con cierta indiferencia. La de Offenbach despertó tal entusiasmo que se repitió nueve veces.

Este golpe en su género por excelencia no le hizo convencerse de probar a componer una opereta. Franz von Suppé ya las escribía en Viena, y los títulos de algunas de ellas le inspiraban cierta desconfianza a su personalidad elegante: La cura por el champán, Rico en dinero y pobre en sueño, Lo necios que son los reaccionarios o Judas en franc. La tradición dice que el compositor se animó a componer una opereta cuando su esposa, Jetty le llevó al teatro medio engañado a ver una opereta en la que se habían utilizado melodías de sus valses (parece ser que su mujer había estado cogiendo los originales y pasándoselos al director del teatro, todo ello para conseguir que nuestro compositor se animara con el género).

Y llegó El murciélago. El libreto se debe a Carl Haffner y Richard Genée, que se basaron en una comedia alemana titulada Das Gefängnis (La prisión), que a su vez se basaba en el texto para una opereta debida a Henry Meilhac y Ludovic Halévy. Vamos con la obra.

EL MURCIÉLAGO


Cartel del estreno
La obra tiene todos los tópicos de la época llevados al extremo, vigentes incluso en la actualidad, y que en la época debieron de resultar bastante desenfadados. Considerando que esta opereta se ha considerado la obra por excelencia del género de la opereta vienesa, algo parecido a La verbena de la Paloma en la zarzuela española, podemos observar cómo Strauss sigue pensando en la burguersía y no en las clases populares. Un abogado y un notario como protagonistas, ambos de vida acomodada, fiesta despreocupada en casa de un noble, escarceos amorosos... Nada más lejos de la popular Verbena con los chulapos madrileños. Pero no por ello menos divertida.

Comenzaremos con los personajes:
  • Gabriel von Einsenstein, abogado, tenor o barítono.
  • Rosalinda, su esposa, soprano.
  • Adela, criada en casa de Gabriel y de Rosalinda, soprano.
  • Ida, hermana de Adela, soprano.
  • Alfredo, cantante enamorado de Rosalinda, tenor.
  • Falke, notario amigo de Gabriel, barítono.
  • Blind, abogado de Gabriel, tenor.
  • Frank, alcaide de la prisión, barítono.
  • Príncipe Orlofsky, noble ruso, contratenor.
  • Iván, paje del príncipe, papel hablado.
  • Frosch, carcelero, papel hablado.
Coro formado por bailarinas, invitados, camareros y policías.

La acción transcurre en Viena, en 1870. Escuchemos la Obertura, pieza muy famosa y que va desgranando todos los temas de la ópereta:



ACTO PRIMERO
Casa de Gabriel y Rosalinda, en las afueras de Viena, a media tarde.

Gabriel y Rosalinda llevan casados un año y llevan una vida desahogada en su acogedora casa.

Nada más levantarse el telón escuchamos una serenata amorosa fuera de escena. Se trata de Alfredo y la destinataria es Rosalinda. Aparece Adela, la criada de la casa. Está leyendo una carta que le ha escrito su hermana Ida, que es bailarina. Va a actuar en la fiesta que ofrece el Príncipe Orlofsky en su mansión, por lo que le sugiere en la carta que se cuele con un vestido de su ama. Adela, muy contenta, se apresura a inventar una excusa para que le den la noche libre. Busca a su ama y le cuenta que su tía está muy enferma, pero Rosalinda se niega a darle la noche libre: su marido, Gabriel, tiene que ingresar en prisión por unas injurias que ha cometido contra un Juez con el que se pasó verbalmente al llamarle "viejo perro ciego". Es una condena de cinco días, pero ella se va a quedar sola y necesita tener a alguien en casa.

En ese momento se vuelve a escuchar la voz de Alfredo fuera de escena. A vuelto a entonar su serenata y, con la criada presente, Rosalinda no puede por menos de ruborizarse. En ese momento Alfredo ha conseguido alcanzar el balcón y entra en el salón. Ella, inquieta, le pregunta que cómo ha llegado hasta aquí, a lo que él le contesta que "en las alas del viento vengo, como Romeo de Verona". Rosalinda, tajante, le dice que a su marido no le gusta que hombres desconocidos se deslicen por el alféizar de la ventana a lo que Alfredo le suelta que su marido la ha arrebatado de sus brazos. Se pone a entonar La traviata de Verdi, a lo que Rosalinda le corta. Alfredo sube de tono la conversación y le recuerda dónde va a ir su marido: "¡Tiempo en prisión! ¡Cinco días horribes! ¡Y cinco noches gloriosas!". Rosalinda consigue hacer marchar a Alfredo antes de que llegue su marido.

Gabriel entra en el salón. Le acompaña el señor Blind, su abogado, quien intenta excusarse de lo mal que ha ido el recurso. Lejos de quedar absuelto, Gabriel ha visto incrementada su pena de cinco a ocho días en prisión. El matrimonio se dice palabras de consuelo y expresan lo mucho que se echarán de menos de forma bastante empalagosa. Gabriel sale para preparar las cosas, pues marchará en una hora para la prisión.

Rosalinda se queda en el salón. Entra Adela, quien anuncia al señor Falke, notario de Munich y amigo de toda la vida del matrimonio. Falke hace su aparición sarcástico: "¡He oído la divertida... terrible noticia!". Entra de nuevo Gabriel, quien se sorprende de la visita de su amigo. Ambos recuerdan una jugarreta que Gabriel le hizo a Falke tiempo atrás: acudieron a una fiesta de disfraces, el primero de mariposa y el segundo de murciélago, se pasaron con el champán y Gabriel, en lugar de llevar a Falke a su casa, le dejó durmiendo frente al Juzgado. La prensa se hizo eco del suceso: un joven abogado, por aquél entonces, dormido tras una noche de juerga, tirado en la calle, dándole mala reputación. Pero ahora Falke es notario en Munich y es persona de respetar, si bien dice las cosas a las clara, pues le espera a Rosalinda: "¡Hombre inteligente vuestro marido! Y acabo de enterarme de que, al apelar, han añadido tres días a su sentencia. ¡Qué gran logro! ¡Debéis de estar muy orgullosa de él!". Ella no le entra al trapo y deja a los dos amigos solos.

Falke le cuenta a Gabriel el propósito de su visita: ha venido a Viena a la fiesta que da el Príncipe Orlofsky y le propone que le acompañe, entrando en prisión a la mañana siguiente y no esa misma noche ("Ven conmigo. Una última juerga, antes de ir a la cárcel", mientras le habla de champán, música y jovencitas). A Gabriel le parece buen plan, pero no cree conveniente que Rosalinda se entere. Para evitar cualquier comentario en la ciudad, acudirá a la fiesta con una falsa identidad, la del Marqués Renard.

Entretanto, Alfredo vuelve a dar la serenata, y parece que Rosalinda no se resiste, con lo que le dice a Adela que se tome la noche libre. Gabriel baja al salón dispuesto a, supuestamente, ingresar en prisión, si bien demasiado elegantemente vestido ("Hoy en día, muchas cenas de negocios tienen lugar en la cárcel", se excusa Gabriel). Rosalinda se empeña en acompañarle, pero le disuada Falke diciendo que ya lo hace él. Mientras salen, Falke, astutamente, le ha dejado una carta a Rosalinda.
Rosalinda abre la carta y ve que es una breve nota de Falke en los siguientes términos: "Haced lo que os digo y os enteraréis de a dónde va vuestro fiel esposo cuando se supone que debería hallarse a buen resguardo en la cárcel. Baile... Teatro Imperial... Orlofsky". Rosalinda no sabe que hacer, por lo pronto exclama que no volverá a confiar en un hombre mientras viva.
Alfredo ha visto que Gabriel ha marchado, por lo que entra en casa tan campante y le espeta a Rosalinda que tienen todo el tiempo del mundo "por el querido señor Einsenstein, quien, durante cinco noches, me permite representar la sua parte". Rosalinda le responde que vayan juntos a una fiesta y que suba arriba a ponerse algo de su marido. Alfredo está tan contento, eufórico en exceso. Entra de nuevo con una bata de Gabriel mientras dice "una noche en casa con mi esposa", a lo que Rosalinda le advierte que ella no es su esposa. Mordaz, Alfredo replica que esta noche lo es.
 
Ambos comienzan a beber hasta que llaman a la puerta (recordemos que Adela, la criada, se ha marchado y ambos están solos en casa). El que ha llamado es Frank, alcaide de la prisión. Tratándose de un condenado distinguido, se ofrece a escoltar de buen grado a Gabriel. Rosalinda, tardando un poco en reaccionar, le intenta explicar que su marido ha marchado ya, pero Alfredo se ha pasado bebiendo y sus comentarios descarados hacia Rosalinda hacen suponer a Frank que se trata de Gabriel. Alfredo no está precisamente sobrio, no entiende muy bien de qué va el asunto y Frank cree que hay algo raro, por lo que le pregunta a Rosalinda si el hombre con el que ésta es su marido. Ésta, que no sabe salir del aprieto, le dice que sí, con lo que los policías se llevan a Alfredo, afectado por la bebida, quien no colabora. Veamos este final desde la entrada de Frank:




ACTO SEGUNDO
Fiesta del Príncipe Orlofsky.
Para no liarnos, recordar que a esta fiesta ha acudido Adela, la criada, a quien ha colado su hermana, y también Gabriel y Falke. La fiesta está muy concurrida. Aparece el Príncipe Orlofsky, noble ruso amanerado. En seguida saluda a Falke, quien no quita ojo a todo lo que ocurre en la fiesta.

Adela acaba de llegar. Su hermana Ida es bailarina en el espectáculo y va a buscarla. Pero cuando la encuentra, Ida le dice que ella no le ha escrito ninguna carta, que debe tratarse de una broma (en realidad ha sido Falke quien ha escrito la carta), pero que dado que ha entrado y que le ha tomado prestado el vestido a su ama, que se quede y se haga pasar por una bailarina, adoptando el nombre de Olga. Es en ese momento cuando ve que su amo, Gabriel, está en la fiesta. Por un lado, le parece una sinvergonzonería, por otro, tiene que ocultar su identidad, pues supuestamente está cuidando a su tia enferma. Pero Gabriel enseguida reconoce el vestido de su mujer y le parece ver a su criada y va a pedir explicaciones. Ida ha ocultado bien la identidad de su hermana, y cuando asevera que se llama Olga y que no es criada sino bailarina, Gabriel piensa que le ha traicionado la vista.

Quien también ha ido a la fiesta es el alcaide de la prisión, Frank. Gabriel no sabe quién es, mientras que Frank sólo sabía que ingresaba un señor Einsenstein, al cual ya ha llevado al cabalozo. Conversan amigablemente, Gabriel identificándose como el Marqués Renard.

Finalmente, hace su entrada Rosalinda, llevando una máscara para ocultar su identidad. En seguida ve a Falke, quien le muestra a su marido coceteando con Adela, pues realmente cree que se trata de una bailarina llamada Olga. Rosalinda va detrás de su marido, enmascarada, y se hace pasar por una condesa húngara. Gabriel saca sus dotes de seductor y le muestra un reloj de repetición con el que ella se queda. Vamos a ver la escena en que Rosalinda, enmascarada, canta una canción húngara, supuestamente de su tierra, para seducir a Gabriel:




La noche ha avanzado. Suenan las seis en un reloj. Gabriel marcha dispuesto a ingresar en prisión a primera hora, mientras que Frank, el alcaide, que al día siguiente tiene que trabajar, también hace lo propio. Ambos salen juntos tambaleándose por la bebida.


ACTO TERCERO
Despacho de Frank, en la cárcel.

A primera hora de la mañana, Frosch, el carcelero, hace balance de la noche. Ha tenido en calabozo a uno que no ha dejado de cantar toda la noche, Alfredo. Llega Frank, que tras la fiesta a duras penas puede andar sin tambalearse.
Llega Gabriel. El alcaide reconoce en él al Marqués Renard, mientras que Gabriel se acuerde del invitado de la pasada noche. Ninguno sabe de la identidad del otro. Cuando Gabriel revela su verdadera identidad y Frank le indica que Einsenstein ingresó en prisión la noche antes, Gabriel queda desconcertado. Frank le cuenta con detalle cómo fue a su domicilio la noche anterior, se encontró con su mujer, en compañía de un hombre en bata... Gabriel no sale de su asombro.

Se abre la puerta y aparece Blind, el abogado de Gabriel. Blind le indica que ha sido requerido por éste (en realidad por el supuesto señor Einsenstein). Gabriel le cuenta la historia y le dice que él asistirá al supuesto señor Einsenstein y así podrá averiguar quien es el amante de su mujer. Entra en el despacho Alfredo, procedente de la celda. Alfredo conoce al marido de Rosalinda y no sabe muy bien cómo actuar cuando le tiene enfrente. Gabriel hace como si no supiera de qué va el asunto y comienza con preguntas rutinarias, hasta que hierve de rabia y le espeta todo a Alfredo. Entra Rosalinda y acusa a su mujer de infidelida, pero ésta le responde que le va a decir la hora en que viven, sacando el reloj que ella, disfrazada de condesa húngara,s e había quedado la noche antes, con lo que la historia de la fiesta queda también destapada.

Aparece Falke. El alcaide, con guasa, le pregunta si acude a la prisión por "algún delito deligado, limpio y respetable", propio de su condición de notario, como desfalco o fraude. También ha llegado Adela, la criada, con su hermana Ida, para curiosear.

Gabriel se disculpa por el engaño y su comportamiento en la fiesta, echándole la culpa al champán. Rosalinda también se disculpa por su comportamiento en casa con Alfredo, donde también habían bebido. Falke declara haber sido el que ha tramado todas estas coincidencias para dar una lección a su amigo por la broma del murciélago de tiempo atrás. Alaba las buenas dotes actorales de Adela y le dice que si quiere ser actriz, él le pagará la carrera. Ciertamente, durante toda la obra, Falke no le ha quitado los ojos de encima a la criada de su amigo. Todos, contantos, cantan "al rey de los vinos": el champán.


ANÉCDOTAS

STRAUSS SIMPÁTICO

Strauss viajó a Estados Unidos en 1872 para dirigir una serie de conciertos conmemorativos por el Jubileo de la Paz. El compositor supo ganarse la simpatía del público, como lo demuestra una crónica en el World que decía así: "Johann Strauss, el rey del vals, personalmente sin duda es buena persona. Habla únicamente alemá, pero sonríe en todos los idiomas".

También "el otro Strauss", Richard Strauss, de quien escuchamos Don Juan, autor posterior nacido en Munich y que nada tiene que ver con Johann, dijo que "entre todos los individuos a quienes Dios concedió el don de dispensadores de alegría, a mi juicio, Johann Strauss es el más meritorio".

domingo, 26 de octubre de 2014

Seis Momentos musicales de Franz Schubert

Dicen que Schubert sólo dio un único concierto público a lo largo de su vida y que con lo que ganó, pudo comprarse un piano. Una vida difícil y melancólica la de este vienés, popularmente conocido como "el último de los clásicos", si bien sonando ya a romántico, y que a día de hoy es uno de los autores más conocidos del siglo XIX, sobre todo por sus obras para piano. Sus Momentos musicales son un buen ejemplo.

Schubertiada en Viena, de Julius Schmid, 1897
Asociación Coral de Viena

FICHA TÉCNICA

Obra: Seis Momentos musicales, D. 780.
Autor: Franz Peter Schubert (Viena, 1797 - ibid. 1828).
Años de composición: 1822-1828.
Estreno: Por el propio compositor, ya que fueron publicados en vida. No es posible saber en qué circunstancias.
Duración: 22 minutos, aprox.
Discografía propuesta: Alfred Brendel, 1972 (DECCA)




¿QUÉ SABEMOS DE SCHUBERT?

Casa natal de Schubert, en Viena.
Que de Schubert se conserve un cuerpo de obras tan amplio es poco menos que un milagro. Falleció en 1828 y su "catálogo completo" (o lo que se entendía por tal) comenzó a publicarse en 1884 y no estaría ultimado hasta 1897. Hasta que se puso en marcha la iniciativa, en esos casi sesenta años no hubo un especial interés en el compositor. Hasta 1951 no llegaría la catalogación que haría Otto Erich Deustch, quien dató cronológicamente las obras y puso orden en la confusión reinante. El resultado sería un catálogo integrado por casi 1000 números (la obra de esta semana tiene el número 780), una producción importante para alguien que vivió 31 años (aunque algo más de 500 de esos números se refieren a lieder, canciones para voz y piano). Deustch fue además quien ofreció una visión sistemática de la vida del compositor, la cual, sin embargo, deja bastantes interrogantes en la faceta personal. 

En 1981, el musicólogo Maynard Solomon escribió un morboso artículo dedicado a la supuesta homosexualidad del compositor y que ha dado lugar a todo tipo de especulaciones. Partiendo de la falta de interés artístico que tiene la orientación sexual (a la que hago alusión porque no es infrecuente encontrarse con este debate a día de hoy en lugar de explorar lo verdaderamente importante, que son una serie de obras inacabadas o de ignotas circunstancias), los escasos datos que tenemos de la vida personal del compositor no nos permite afirmarlo. Sí sabemos, por las cartas, que mantuvo contacto con diversas damas, como la soprano Teresa Grob, a quien se la ha calificado como el "único verdadero amor de Schubert" y cuyo padre impidió el matrimonio. También sabemos que, con veintiún años, se enamoró de Carolina de Esterházy, hija menor del Conde Johann Karl de Esterházy y a quien conoció por su actividad musical. Por razones obvias, tal relación no podía prosperar. Solomon abrió el debate partiendo del hecho de que el compositor, que abandonó la casa paterna, compartió vivienda con varios intelectuales del sexo masculino a lo largo de su corta vida y a los que profesaba verdadero afecto. Los dos más importantes, Franz von Schober y Juan Bautista Mayrhofer, fueron poetas que le proporcionarían a Schubert material para sus ciclos de lieder.

Schobert, Mayrhofer, Teresa Grob y Carolina de Esterházy,cuatro personas que influyeron decisivamente en Schubert. 





UN JOVEN MÚSICO QUE NO ENCUENTRA SU SITIO

De todos los compositores que conforman la llamada Escuela de Viena, sólo Schubert era vienés. Procedente de una familia humilde, su padre, maestro, se ocupó de buscar a su hijo un profesor de música, quien rapidamente constató que el pequeño Franz tenía virtudes innatas. Contando Schubert con nueve años, la Capilla de la Corte Imperial, adscrita al Seminario, convoca exámenes para cubrir vacantes. Dada la escasez de medios de la familia, podía ser un buen lugar donde recibir una buena educación musical. En la prueba de selección está el Director del Seminario, Inocencio Lang y el Director Musical de la Corte, Antonio Salieri. Ambos constatan las aptitudes de Franz e ingresa en la institución.

Entrada a la Capilla Imperial, en el Palacio Hofburg.
El coro de niños fue fundado en 1498 y hoy se
denomina Niños Cantores de Viena, pudiéndose
escuchar semanalmente en la misa dominical.
Si bien Schubert se tomó muy en serio su educación y compuso varias obras para piano y formación de cámara, no se adaptó del todo a la vida rigurosa y estoica, con lo que con dieciséis años abandona la institución y vuelve a su casa, poniéndose a dar clase con su padre. En este periodo buscará algún sitio en la vida musical oficial de la ciudad (teatros, iglesias...) y le vendrán algunos encargos, que cumplirá con gran profesionalidad y madurez estilística para un compositor tan joven, si bien no conseguirá ningún puesto fijo. La mayoría de estas obras, entre las que se incluyen sus dos prmeras sinfonías, a día de hoy son anecdóticas en las salas de conciertos.

Mientras tanto, Schubert seguirá buscando, quizás más a iniciativa de su padre, un empleo estable, sin encontrarlo.

SCHUBERT SE INDEPENDIZA

Schubert no estaba a gusto con su situación familiar, que le resultaba agobiante. Acababa de conocer a Schober, un poeta aficionado de procedencia sueca y buena familia, el cual le empezaría a suministrar material para sus lieder (ciclos de canciones para voz y piano) y con el que finalmente se instalaría en un piso compartido (y que probablemente pagaba Schober, pues de Schubert es conocido que sus discontinuos y exiguos ingresos le hicieron depender de sus amigos). En este periodo parece que el compositor encuentra su sitio: la vida bohemia que diversos intelectuales desarrollaban en la ciudad, al margen de los círculos artísticos oficiales, en reuniones artísticas de diversa temática conocidas hoy como schubertiadas.

Una excusión de los schubertianos, acuarela de Kupelwieser. En 1820, una serie de intelectuales celebraron reuniones artísticas en Atzenbrugg, a veinte kilómetros de Viena, en una propiedad del tío de Schober. A la izquierda, paseando, el autor y Schubert.























Hay que tener en cuenta que en estos años se desarrolla el movimiento Biedermeier, en el contexto de una burguesía comodamente asentada en sus negocios y su vida familiar y sin pretensiones políticas. Esta burguesía, si bien no puede equipararse al mecenazgo de reyes, nobles y hombres importantes, sí acoge en sus casas recitales y reuniones artísticas, para las que Schubert compondrá lieder y todo tipo de obras para piano y formaciones de cámara.

Este estilo de vida será interrumpido en 1818 por una estancia en la casa del Conde de Esterházy para que enseñe música a sus hijas (al servicio de esta familia estuvo Joseph Haydn en décadas anteriores), regresando a Viena dos años más tarde e instalándose con el poeta Mayrhofer en casa de una viuda.

Los lieder, la obra para piano y la obra de cámara es la que forma la práctica totalidad de las obras que se interpretan del compositor. Fuera de estos géneros sólo es habitual encontrar interpretaciones de sus Sinfonía nº 8 Inacabada y 9 La Grande y, en menor medida, de la nº 5. Su obra religiosa se considera de circunstancias, aunque hay alguna curiosidad. Tiene diez óperas terminadas (más cuatro inacabadas y fragmentos de otras dos), pero sólo tres se estrenaron en vida, debido a que se trataban de colaboraciones espontáneas con poetas sin un previo encargo de un teatro y en muchos casos dramáticamente no funcionan bien (su calidad musical es otra cosa). Su música religiosa hoy se considera de circunstancias, con alguna curiosidad. No escribió ningún concierto para piano y orquesta (probablemente porque era consciente de que no podría interpretarlo) y en obra concertante sólo figura la Polonesa para violín y orquesta y un movimiento de un Concierto también para este instrumento.

LOS MOMENTOS MUSICALES

Comienzo del Momento Musical nº 3, en la edición.
revisada por Franz Liszt en sus aspectos técnicos.
La denominación "momento musical" fue creada por Schubert para referirse a pequeñas obras para piano que se asemejan a un breve poema. Una estructura sencilla en la que exponer unos motivos musicales sin grandes pretensiones. El género no triunfó, pues entre las obras de repertorio sólo encontramos los Seis Momentos musicales de Serguei Rachamaninov, compuestos en 1896 como claro homenaje a Schubert.

Estas obras gozaron de suerte, pues un editor de la época, Leidersorf, se ofreció a publicarlas en 1828, aunque la que figura como tercera fue publicada en 1823 bajo el título de Aire ruso, mientras que la sexta lo fue en 1824 en un álbum navideño. La distribución es la siguiente:
  1. Moderato (do mayor).
  2. Andantino (la bemol mayor)
  3. Allegro moderato (fa menor)
  4. Moderato (do sostenido menor)
  5. Allegro vivace (fa menor)
  6. Allegretto (la bemol mayor)
De ellos escucharemos dos, el 3 y el 5. Comenzaremos por el más conocido, y también el más breve, el nº 3:

Esta breve pieza ha sido arreglada para las más variadas formas instrumentales. Aquí vemos a un violinista, un cellista y una pianista tocándolo como bis de un concierto:


Con cuatro violines:


Escuchémoslo con orquesta de cuerda, que le da un aire eslavo particularmente otoñal:


El pianista y compositor polaco Leopold Godowsky hizo el siguiente arreglo, complejizando la pieza de Schubert, algo que es bastante discutible, pero que parece asumido, al interpretarse en ocasiones como bis de concierto, como es este caso:


La obra también ha trascendido de las salas de conciertos:


Y también transcripciones exóticas, algunas arte por duplicado, como la siguiente:


El número 5 no ha trascendido tanto como el 3, aun siendo una pieza muy viva, con cierto tono nostálgico:


ANÉCDOTAS

ANTAÑO ÉL ERA EL SECUNDARIO, AHORA ES PROTAGONISTA

El nombre de Franz Lachner probablemente no nos suene de nada. Fue un director de un pequeño teatro de Viena, el Kärntnerthor y después pasó a Munich. No obstante, en su momento gozó de cierta popularidad y el dibujante Moritz von Schwind le dedicó una serie de ilustraciones humorísticas de gran tamaño: en una lámina de 12 metros de longitud. En varias de ellas, entre los secundarios que le acompañan en su vida, está Schubert. A día de hoy, probablemente al único que identificaríamos en todas ellas sería a Schubert. Debajo, un ejemplo de la serie, en la que se ve, de izquierda a derecha, a Lachner, Schubert y Baurnfeld bebiendo en una taberna en el campo. Hay una muy simpática en la que se les ve muy animados dando una serenata debajo de un balcón, pero por desgracia no está en la red.


 

domingo, 19 de octubre de 2014

Concierto para violín nº 3 "Estrasburgo" de Mozart

Mozart, niño prodigio y prolífico compositor, se desempeñó en su infancia y juventud como un talentoso violinista. Su Concierto para violín nº 3, en sol mayor, "Estrasburgo", es su obra para violín más conocida dentro de una serie de cinco conciertos compuestos en Salzburgo en 1775. Su melodía pegadiza se combina con un elegante acompañamiento orquestal para ofrecer una obra luminosa.

Palacio de la Residencia (Salzburgo), detalle del techo.
FICHA TÉCNICA

Obra: Concierto para violín nº 3 en sol mayor "Estrasburgo", K. 216
Autor: Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756 - Viena, 1791).
Año de composición: 1775.
Estreno: Salzburgo, 12 de septiembre de 1775, ¿W. A. Mozart o Antonio Brunetti? (violín), Orquesta Arzobispal.
Duración: 25 minutos, aprox.
Discografía propuesta: Anne Sophie Mutter (violín), Orquesta de Cámara de Salzburgo. Grabación realizada en directo en 2006 en el Mozarteum (Deustche Grammophon).

MOZART Y EL VIOLÍN

Portada del Tratado de violín
de Leopold Mozart.
Ya desde sus giras infantiles, Mozart demostró ser un talentoso violinista. No en vano, su padre Leopold, violinista y vice-Kapellmeister de la Orquesta Arzobispal de Salzburgo, era en su tiempo un pedagogo prestigioso de este instrumento, llegando a publicar, el mismo año en que nacio su hijo, un Tratado completo sobre la técnica del violín que tuvo resonancia hasta bien entrado el siglo XIX.
Ahora bien, parece que Mozart, una vez asentado en Viena a partir de 1781, mantuvo una relación de rechazo hacia este instrumento, pues sólo compuso algunas obras para violín y piano por encargo. Si tenía que tocar en un cuarteto, escogía la parte de viola y no la de violín. Probablemente le recordaba a su periodo de juventud en Salzburgo, periodo que el compositor detestó abiertamente tras su marcha a Viena. ¿Por qué este sentimiento? ¿Cómo fue el periodo musical de Salzburgo para que el compositor lo detestase? Trataremos de explicarlo a través de una obra típica, como es el Concierto nº 3, pero primero, para centrarnos, haremos un esquema de la obra para violín de Mozart:
  • Un Concertone para dos violines y orquesta, obra cercana al divertimento respecto a la cual no poseemos pruebas físicas de autenticidad, aunque sí referencias en la correspondencia entre padre e hijo. Se data entre 1773 y 1774, barajándose como fecha límite el 31 de mayo. Muy raramente interpretado.
  • Cinco conciertos para violín y orquesta, compuestos a lo largo del año 1775 (19 años, nada más y nada menos, tenía Mozart).
  • Tres conciertos que el Mozarteum de Salzburgo (institución que vela por el legado del compositor) ha considerado apócrifos. Quiénes estuvieron detrás de los mismos y qué pretendían demostrar quizás lo hablaremos otro día si hay curiosidad por el tema.
  • La Sinfonía concertante para violín y viola, género a medio camino entre el concierto y la sinfonía con el que se hicieron algunos intentos en la época y que después cayó en desuso. Datado en agosto o septiembre de 1779, siempre ha tenido una gran fama.
  • Más de treinta sonatas para violín y piano, unas compuestas en Salzburgo, otras durante las giras, otras en Viena y otro porcentaje consideradas apócrifas. En Viena sólo compuso seis por encargo y una séptima con fines didácticos, una sonatina.
  • Dos dúos para violín y viola. Mozart, ya asentado en Viena y casado, visitó Salzburgo con su mujer Constanza en el verano de 1783. El compositor Michael Haydn (hermano del más famoso Joseph Haydn) enfermó y no podía concluir un encargo de seis dúos, componiendo Mozart dos que faltaban. Hoy en día son una curiosidad.
  • Dos cuadernos de variaciones para violín y piano, obras pedagógicas escritas nada más llegar a Viena. El primero se sabe que fue escrito para la condesa Rosa Thiennes de Rumbeke.
Los cinco conciertos compuestos en Salzburgo en 1775 representan una rápida evolución de la forma de abordar este género en apenas unos meses, aunque todos comparten en común sus pegadizas melodías y la elegancia de una orquesta que, formada por cuerdas, dos oboes (que en el movimiento lento se sustituyen por dos flautas) y dos trompas, construyen una textura liviana que se eleva como los muros de una catedral gótica. La parte solista no afronta dificultades técnicas extremas en estos conciertos, pero debe tener una elegancia sensible a la hora de frasear a la que muchos temen más aún que a la técnica. El nº 3, estrenado en septiembre, supone un paso importante, con ideas propias frente a las influencias italiana y francesa que dominan los dos anteriores. Pero ubiquemos la obra y a su autor...

EL SALZBURGO DE MOZART


El Palacio de la Residencia, sede del Arzobispado.
El Salzburgo de Mozart es el de un Principado eclesiástico inmerso en el enorme Sacro Imperio Romano Germánico, conglomerado de Estados que ya llegaba a sus últimas décadas. Todos ellos gozaban de autonomía y de sus propios procedimientos de elección de sus gobernantes. El Emperador era elegido por los Electores, aquellos dirigentes que tenían derecho de voto, y en no pocas ocasiones dio lugar a verdaderas batallas en el sentido literal del término.

En concreto, Salzburgo era un Obispado desde el 739 y un Arzobispado desde el 798, regido por un Príncipe-Arzobispo elegido por el Cabildo de la Catedral. No tenía la consideración de Elector, por lo que gozaba, aún más, de autonomía respecto a posibles decisiones del Imperio. Además, el cargo de Arzbobispo de Salzburgo estaba asociado (y lo sigue estando) al cargo de Legado Permanente, uno de los rangos de la carrera diplomática eclesiástica (el más alto es el de Nuncio, equivalente a Embajador), con lo que su titular usaba un atuendo de un color rojo muy similar al de los Cardenales (algo más oscuro), y no el morado de Obispos y Arzobispos.

El territorio del Salzburgo de la época coincidía sustancialmente con el actual estado federal del mismo nombre, integrado en Austria. Así que comencemos a escuchar el primer movimiento del Concierto nº 3 mientras volamos con la imaginación a ese Salzburgo del siglo XVIII.

 

La etapa de Mozart en Salzburgo coincide con el mandato de dos Arzobispos. Cuando nació, en 1756, su padre estaba a las órdenes de Segismundo de Schrattenbach, hombre de carácter afable ubicado en los modelos del Barroco no sólo en lo musical sino en el gobierno. Con él, Leopold Mozart llegó a ser vice-Kapellmeister de la Orquesta Arzobispal (lo que hoy entenderíamos por un director asistente). Coincidió con la niñez de Wolfgang y esos primeros viajes promocionales que su padre organizó por media Europa. El Arzobispo tenía gran afecto a Leopold y reconocía el talento del niño, nombrándole Koncertmaster de la orquesta (primer violín) siendo tan solo un adolescente.

Retrato oficial de Colloredo, por F. X. König, 
Museo de Salzburgo.
El hábito coral se destina a los
eventos de mayor protocolo, y como
otros atuendos idiosincráticos, como
los trajes académicos universitarios,
las togas o las túnicas de los miembros
de determinados órganos del Estado,
pervive hasta hoy. Sin embargo, la capa
magna, por razones prácticas, ha quedado.
prácticamente en desuso.
El 16 de diciembre de 1771, poco después de haber regresado padre e hijo de un viaje por Italia, fallece Schrattenbach. La sucesión tiene división de opiniones y, tras tres meses, el elegido es Jerónimo de Colloredo y Mannsfeld (1732-1812), no sin polémica. Colloredo es el Obispo de Gurk. Tiene cuarenta años, por lo que es considerado un hombre relativamente joven para Salzburgo, destino que representa una cima en la carrera eclesiástica y política. No es de la alta aristocracia, pero tampoco representó en su adolescencia el perfil de joven humilde metido al seminario que consigue ascender a base de trabajo y esfuerzo. La confianza granjeada con la familia Habsburgo parece que influyó en la decisión, pero también en la reticencia, pues los salzburgueses no veían con buenos ojos esas influencias externas. Tras encomendarle a Wolfgang la composición de una ópera para su toma de posesión (El sueño de Escipión, estrenada el 27 de abril de 1772), comienza su mandato.

Colloredo encarna el ideal del despotismo ilustrado. Es un hombre de despacho: modernización de la ciudad, alumbrado en las calles, renovación de las instituciones, creación de centros docentes y de enseñanza... En su despacho cuelgan los retratos de Voltaire y Rousseau y él mismo es violinista. El problema son los medios, especialmente en lo artístico. Por lo pronto, ya ve con malos ojos la nueva gira de los Mozart con destino a Milán, pero estando ya pactada desde meses atrás, tiene que autorizarla. Marchan en octubtre y no regresarán hasta marzo del año siguiente, y en ese 1773, una serie de músicos de influencia italiana comienzan a ocupar los principales puestos. El Kapellmeister Giuseppe Maria Lolli, debido a su edad, no ejerce su actividad como tal, por lo que Leopold piensa que puede conseguir el puesto. No obstante, Colloredo confirma en su cargo a Lolli, mientras que nombra a Domenico Fischietti como un segundo Kapellmeister. Ahora Leopold tiene a dos, y no sólo a uno, por encima de él. Wolfgang conserva el puesto de primer violinista, por el momento.

Respecto a la orquesta, autores de la época mantienen que su nivel se mantuvo alto, incluso ampliando el número de miembros, pero ciertamente no podía competir con la de otra Corte, Mannheim, y eso es algo que Wolfgang decía abiertamente.

 

Visto el panorama, Leopold inicia una serie de movimientos estratégicos, yendo a buscar ofertas a lo que hoy llamaríamos "la competencia". Aprovechando las vacaciones de verano y que Colloredo está ausente, acuden a Viena. Aunque la Emperatriz María Teresa, mujer también de ideal ilustrado, les recibe, todo queda en buenas promesas, llegando a escribir después que poco se fiaba de un padre y un hijo que recorrían media Europa buscando oportunidades. En enero de 1774 quedará vacante el puesto de Maestro de Capilla de la Catedral de Viena y el elegido será Giuseppe Bono, otro italiano, con lo que las esperanzas de conseguir algún puesto allí se desvanecen.



Las dos casa de Mozart en Salzburgo. Arriba, la que le
vio nacer, en el tercer piso de un edificio de la zona del
Altstadt. Debajo, la casa a la que los Mozart se
mudaron en 1773, en la Hannibalplatz (hoy Plaza del
Mercado), en su momento la ampliación burguesa
de la ciudad. Ambas son visitables. La primera tiene
un aspecto más de curiosidad, la segunda tiene
importantes fondos artísticos.
En el otoño, Colloredo sigue con sus gestiones. La música religiosa, que tanto volumen de trabajo da a Wolfgang, se ve radicalmente simplificada de acuerdo a las nuevas prescripciones litúrgicas: oficios religiosos sencillos, con piezas musicales sencillas y cantadas en alemán, permitiendo participar al pueblo en la celebración. Se suprimen los textos cantados que coincidan con fórmulas que el sacerdote ha pronunciado, por considerarse innecesarios, la contraposición solista-coro es también vista como absurda... Mientras algunos compositores del momento, hoy olvidados, se adaptaron a las nuevas formas, autores como Mozart o Haydn no las aceptaron. Mozart sólo compuso dos himnos en alemán y el resto de su producción religiosa está en latín. No debemos olvidar que el Imperio era católico a excepción de la mayoría de Estados alemanes y que los protestantes abogaron siempre por adaptar las ceremonias a la lengua vernácula, con lo que la oposición de estos compositores debe verse a medio camino entre la defensa del latín dada su elegancia y la adhesión a lo que era habitual en la Iglesia Católica del momento.

La ciudad contaba con dos teatros, pero uno era de la Corte y otro de la Universidad, sendos círculos de poder que no permitían liberalizar el género. Por ello, cuando a finales de 1774, Wolfgang recibe la oferta del Elector Maximiliano de Baviera de componer una ópera para principios del año siguiente, acepta encantado. La obra será La jardinera fingida, obra cómica de tema amoroso. Padre e hijo marchan a Munich a primeros de diciembre, donde todo son facilidades. El conde Seeau, intendente de música y espectáculos es un hombre diligente, y la compañía del teatro muestra gran profesionalidad, hecho éste que no oculta Mozart, quien en su correspondencia arremete contra los modos y formas de los que organizan en Salzburgo.  Se van sucediendo los primeros ensayos hasta el estreno el 13 de enero, y la obra resulta un éxito.

1775: EL AÑO DE LOS CONCIERTOS 

Violín que la tradición identifica con el de
Mozart. Casa natal del compositor.
Finalizadas las representaciones a principios de marzo, el regreso a Salzburgo es visto con acritud por los Mozart. Entre el control de los teatros y las limitaciones de la música eclesiástica, Wolfgang tiene que centrarse en componer para nobles y géneros menores para veladas musicales, bien de la Corte, bien para fiestas particulares. Entre estos encargos destacan los de los Lodron, prestigiosa familia que tenía en su haber a uno de los Arzobispos más importante de Salzburgo, Paris Lodron, en la época de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Fundador de la Universidad, probablemente sea el personaje más recordado en la ciudad. Sus edificios, obras públicas, calles y placas, ocupan gran parte de la ciudad (pensemos que Mozart no era ni arquitecto ni dirigente).

Entre las obras para la Orquesta Arzobispal se encuentran los cinco conciertos para violín, que traerían una nueva polémica entre los Mozart y Colloredo. Dadas las circunstancias, no confraternizaban con los músicos de la ciudad, salvo con Michael Haydn, el Maestro de Capilla, también pertenciente a una famlia de músicos. Por ello, la vida social de la familia se organizaba en torno a fiestas domésticas con altos funcionarios, médicos y comerciantes. La imagen que tenían de los músicos era mala, vistos como toscos y aprovechados, y para muestra, una carta de Wolfgang:

Es una de mis razones principales para detestar a Salzburgo:
aquellos toscos, desaliñados y disolutos músicos de la corte.
Porque ningún hombre de buena educación puede vivir
con ellos. Desde luego, en lugar de querer tratarlos sentiría
vergüenza de ellos. Probablemente esa es la razón por la
que los músicos no sin ni estimados ni respetados entre
nosotros. ¡Ojalá que la orquesta fuera organizada como la
de Mannheim...! Allí se hace todo con seriedad. Son muy
educados, se visten bien, y no entran en las tabernas para
emborracharse. 

Y entre éstos, apareció un violinista, Antonio Brunetti, otro italiano. No podemos conocer cuales fueron las credenciales, pero poco a poco fue acaparando el favor del Arzobispo. Hasta el punto de que hoy no podemos saber quién fue el solista en estos conciertos, si Wolfgang o él. Mozart sabía muy bien el tipo de vida que llevaba Brunetti: era jugador y vivía con la hija del organista de la Catedral, con quien tuvo una hija ilegítima, lo cual le molestaba aún más.

Desde luego, lo que es indiscutible es la genialidad de Mozart para esculpir filigranas en plata en el segundo movimiento del Concierto nº 3, una de las cimas de toda su obra. Escuhémoslo:

Comenzado el otoño, Colloredo anuncia que cierra el Teatro de la Corte por razones presupuestarias y anuncia la apertura de un nuevo teatro cera del Palacio Mirabell. Lo que Wolfgang ve como una oportunidad, al fin, de poder componer en su ciudad para el género teatral, pronto se desvanece. La gestión del teatro es adjudicada directamente a un empresario teatral. No obstante, participarán algunas compañías ambulantes, y una de ellas, al año siguiente, encarga a Mozart una música de escena para la obra Thamos, Rey de Egipto que tiene gran éxito, tanto que, tres años después, la misma compañía vuelve a Salzburgo con la obra (y la música de Mozart).

En contrapartida, una mala noticia: Antonio Brunetti pasa a ser ese año Koncertmaster.

¿Y CÓMO TERMINA LA RELACIÓN DE MOZART CON SALZBURGO?
 
Palacio Mirabell
Palacio Mirabell (al fondo, la Catedral y la fortaleza).
Construido por el Arzobispo Wolf Dietrich en 1606 para una
amante, Salome Alt. 
Seis años después, Dietrich es arrestado  y condenado 
por diversas conductas reprobables.
El Palacio pasa a convertirse en el lugar oficial de recepciones. 
Actualmente, además de poderse visitar, en él se
celebran eventos oficiales  y se alquila para eventos privados.

El periodo de Mozart en Salzburgo fue el más fecundo de toda su carrera, con un ritmo de trabajo apabullante. Muchas de las obras de este periodo se escuchan habitualmente en las salas de conciertos, por lo que ya habrá tiempo de contar más anécdotas. Resumiremos los acontecimientos en que desde aquí la relación con Colloredo fue aún más fría. En septiembre de 1777, Mozart emprende una gira a París y su padre no puede acompañarle por no dispensarle Colloredo de sus obligaciones. Irá con su madre, María Ana, que desde luego era una eficiente gestora pero no músico.

En diciembre, fallece el organista de la Catedral, Adlgasser. Sin que haya movimiento para elegir a quien ha de sustituirle. En agosto de 1778 fallece el Kapellmeister Lolli. Leopold ve una suerte no haber marchado de Salzburgo y envía una carta al Arzobispo: lleva treinta y ocho años al servicio de la Corte arzobispal, desde 1763 como vice-Kapellmeister. También escribe a Wolfgang insinuándole que solicite el puesto de organista. Como no existe previsión inmediata de relevo para Lolli, Leopold consigue hacerse con la dirección interina, ya que es el músico más antiguo. En cuanto a Wolfgang, Colloredo le nombra organista en 1779, pero de poco servirá. Los ánimos no se calman, y cuando José II es coronado Emperador en Viena en 1780 (en este caso el elegido era hijo de la anterior Emperatriz, María Teresa), Mozart aprovechará para marchar e intentar establecerse allí como lo que hoy llamaríamos un profesional liberal.

¿TAN MALO FUE EL PERIODO DE SALZBURGO?

Desde luego la época de Salzburgo no fue para nada una mala época desde el punto de vista compositivo, pues muchas obras de este periodo se encuentran en la primera línea interpretativa: algunos conciertos y sinfonías, divertimentos y serenatas... Colloredo encomendó a Mozart obras de circunstancias que han demostrado tener una gran calidad, y confió en él para importantes eventos: desde su toma de posesión con la ópera El sueño de Escipión, la visita del hijo menor de la Emperatriz María Teresa, Maximiliano, con su ópera El rey pastor o una Coronación Canónica con la famosa Misa de la Coronación. Otras tres obras religiosas estrenadas en Salzburgo gozan de gran fama: las dos Vísperas solemnes y la Gran Misa en do menor (ésta estrenada en la ciudad cuando ya residía en Viena).

No obstante, el trato personal fue frío y distante, más como un criado que como un profesional. El grupo de músicos seleccionados por Colloredo para estar en la primera fila eran solventes, pero visto a día de hoy no se les puede comparar con el genio musical de Mozart (ni probablemente con el de su padre Leopold), con mayor o menor fortuna. Michael Haydn sí estaba en cambio a la altura de Leopold, y probablemente parte del desencanto de los Mozart viniera motivado por lo que Michael contaba de las noticias que recibía de su hermano Joseph: él estaba al servicio de la Corte de los Esterházy de Galanta (actual Hungría), quienes no sólo le permitieron gran autonomía artística, sino también le promocionaron por Europa (eran los primeros en dejar que el músico viajara). En cambio, Colloredo prefería guardar la actividad de puertas para dentro lo más posible.

- Bueno, pero ¿por qué el Concierto se llama "Estrasburgo"?

Llegado a este punto, queda por contar el porqué del título de la obra. Para ello, comencemos a escuchar el último movimiento del Concierto. En la mayoría de los casos, las sinfonías y conciertos con sobretítulo no les es dado por el propio compositor, sino por la opinión del momento o los musicólogos que estudian las obras, a veces muchas décadas después de la muerte del compositor. En algunos casos incluso se debe a acontecimientos del siglo XX.

El sobrenombre "Estrasburgo" viene de una carta de 1777 en la que Wolfgang le cuenta a su padre cómo un tema del tercer movimiento de "su" concierto para violín está tomado de una melodía popular que había escuchado en Estrasburgo. Los expertos han acotado el terreno y han determinado que bien podría referirse al tercer concierto o al cuarto. Si bien en décadas anteriores se era más proclive a calificar así al nº 4, que guarda más conexión con el modelo francés, más recientemente y en la práctica, se suele denominar así al nº 3.
Este tercer movimiento deja entrevar varios motivos secundarios aquí y allá, dentro de su forma de Rondó. El motivo de Estrasburgo bien podría ser el que comienza en el 3:21 en la grabación propuesta y que poco después va desapariendo para volver al primer tema del movimiento. El final parece casi una broma, con su final abrupto.

- ¿Y cómo terminó Colloredo? 

Del Salzburgo Arzobispado a su integración en Austria.
Pues con Colloredo se acaba una era en Salzburgo y, casi a la par, en Centroeuropa. Ese modelo de autonomía cuasifeudal, a pesar de las soluciones intermedias que representaban el despotismo ilustrado, estaba avocado a desaparecer. El Estado y otras tantas instituciones requerían soluciones de base, que llegaron con los modernos Estados decimonónicos.

En 1802, Colloredo, cumplidos setenta años, renuncia a su cargo y vuelve a su Viena natal. El Sacro Imperio empezaba a dar síntomas de decadencia y los Electores andaban buscando formas de integración y centralización, suprimiendo pequeños feudos seculares y principados eclesiásticos. A partir de 1795 se inicia la mediatización y secularización, respectivamente. Como moneda de cambio y dado el vacío existente en Salzburgo, entró en el poder Fernando III de Toscana con estatus de Elector. Poco duró este régimen, pues dos años más tarde se disuelve el Sacro Imperio y Salzburgo queda integrado en el nuevo Imperio austríaco.

ANÉCDOTAS

TOMASELLI
Este café, sito en el Altstadt de Salzburgo (no indicaremos la dirección para no dar publicidad), lleva en el mismo sitio desde 1705. Allí iba Mozart a tomarse un helado con regularidad. Por mucho genio que fuese, el niño, el adolescente y el joven Mozart tenía gustos no tan artísticos (aunque un poco burgueses, no lo vamos a negar).